La Unión Industrial Argentina le responde a Javier Milei: pide respeto y defiende el rol empresario en plena apertura
Con un comunicado de fuerte tono político y simbólico —“Sin industria no hay Nación”— la Unión Industrial Argentina (UIA) salió a fijar posición luego del discurso del Presidente en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, donde cuestionó con dureza a sectores fabriles y defendió la profundización de la apertura económica.
Sin mencionarlo de manera directa, la entidad que preside Martín Rappallini respondió a las acusaciones oficiales y marcó un límite: “El empresario argentino no diseñó el marco económico previo ni es responsable de las distorsiones estructurales acumuladas durante décadas”. En esa línea, agregó una frase con peso político: “El respeto es condición básica del desarrollo”.
Reivindicación del aporte industrial
La central fabril puso números sobre la mesa para reforzar su postura. Según detalló, la industria explica el 19% del PBI, aporta el 27% de la recaudación tributaria nacional y genera 1,2 millones de empleos directos —3,6 millones si se cuentan los indirectos—.
El mensaje apunta a contrarrestar la narrativa oficial que asocia al empresariado industrial con privilegios y esquemas de protección que, según la Casa Rosada, encarecieron precios y perjudicaron a los consumidores.
Durante su discurso en el Congreso, Milei cuestionó los valores de productos industriales y volvió a cargar contra sectores como el siderúrgico, el textil y el del neumático. Allí retomó su disputa con el presidente del Grupo Techint, Paolo Rocca, y defendió la apertura comercial como un imperativo moral y económico para terminar con lo que definió como “empresarios prebendarios”.
Apoyo a la estabilización, pero advertencia por la transición
El comunicado de la UIA no rompe con el Gobierno. De hecho, reconoce “los avances en materia de equilibrio fiscal”, la desaceleración inflacionaria y la decisión de impulsar reformas estructurales e integración internacional.
Sin embargo, introduce una advertencia central: la transición hacia un nuevo esquema económico “no es homogénea ni inmediata”. En ese punto, la entidad pone el foco en las pymes, afectadas por el bajo nivel de actividad, la presión fiscal y las dificultades de financiamiento.
Los datos sectoriales reflejan esa tensión. Desde el inicio de la actual gestión, la industria habría perdido alrededor de 65.000 empleos formales, una caída del 5,4%. El índice de producción industrial manufacturero se mantiene por debajo de los niveles previos al cambio de gobierno y la utilización de la capacidad instalada ronda el 53,8%, uno de los registros más bajos para un mes de diciembre desde que se inició la serie en 2016.
Las caídas más pronunciadas se concentran en textiles, metalmecánica y automotriz, mientras que rubros como refinación de petróleo y alimentos muestran cierta expansión, lo que evidencia una recomposición desigual dentro del entramado productivo.
Debate estructural
La consigna “Sin industria no hay Nación” remite a una histórica advertencia de fines del siglo XIX, cuando se debatía el modelo de desarrollo argentino. La UIA recupera esa idea en un contexto en el que el Gobierno reivindica la apertura y la competencia internacional como motores de eficiencia.
El trasfondo es un debate estructural: hasta qué punto la liberalización acelerada puede convivir con un tejido industrial que arrastra problemas de competitividad, carga tributaria elevada y volatilidad macroeconómica histórica.
Mientras la Casa Rosada sostiene que la apertura corregirá distorsiones y abaratará precios, la central fabril reclama reglas claras, previsibilidad y condiciones equivalentes a las internacionales para evitar que la transición derive en una mayor destrucción de empleo y capacidad productiva.
En ese delicado equilibrio se mueve hoy la principal organización empresaria del país: acompañar la estabilización macroeconómica sin resignar la defensa de un sector que considera estratégico para el desarrollo y la generación de divisas.





















