Guerra en la cúpula del poder: Milei y Villarruel profundizan la ruptura y el oficialismo ya piensa en 2027
La interna en la cúpula del poder volvió a quedar expuesta. La relación entre el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel atraviesa uno de sus momentos más tensos desde el inicio de la gestión, luego de que la titular del Senado afirmara en redes sociales que desde el Gobierno buscan forzar su renuncia. La Casa Rosada lo negó de inmediato, pero profundizó las críticas y reclamó mayor alineamiento político.
Cruces públicos y malestar interno
El detonante fue un mensaje nocturno de Villarruel en X en el que aseguró: “Quieren mi renuncia, pero no se les va a dar. Hasta el 10 de diciembre ocupo con honestidad mi cargo”. La publicación llegó tras una serie de cuestionamientos que se reavivaron durante la apertura de sesiones ordinarias, cuando Milei denunció un supuesto intento de desestabilización y dejó entrever diferencias dentro del oficialismo.
Desde Balcarce 50 buscaron bajarle el tono a la hipótesis de una salida anticipada, pero endurecieron el discurso. “Lo único que queremos es que haga su trabajo. Empujar y defender la agenda del Gobierno en el Senado”, sostuvo un integrante de la mesa chica presidencial. En ese sentido, remarcan que no existe intención de promover su renuncia, aunque sí cuestionan su desempeño político.
Las tensiones no son nuevas. En el oficialismo recuerdan como punto de quiebre el reparto de cargos tras la asunción en diciembre de 2023, cuando —según sostienen cerca del Presidente— la Vice avanzó con acuerdos propios en áreas que estaban en negociación con otros sectores aliados.
El rol en el Senado, eje del conflicto
La principal crítica apunta a su actuación al frente de la Cámara alta. Desde el entorno presidencial le reprochan haber habilitado sesiones impulsadas por la oposición, entre ellas las vinculadas a jubilaciones y discapacidad en 2025. Para la Vicepresidenta, en cambio, su conducta responde a una lectura institucional del cargo.
Villarruel ha defendido públicamente que el vicepresidente no puede impedir el funcionamiento de una mayoría legislativa sin afectar la división de poderes. En su entorno insisten en que su rol no es bloquear debates, sino garantizar el funcionamiento del Senado.
La tensión también escaló tras declaraciones del ministro de Defensa, Luis Petri, quien sugirió que las palabras del Presidente sobre quienes “soñaban con el sillón de Rivadavia” aludían a la propia Vice. La frase encendió la respuesta de Villarruel y terminó de exponer la fractura interna.
Reelección y nombres en danza
Mientras tanto, en el oficialismo ya proyectan el escenario electoral de 2027. Cerca de Milei admiten que, llegado el momento, buscarán un compañero o compañera de fórmula “más alineado” con el rumbo libertario. Entre los nombres que circulan aparecen el vocero presidencial Manuel Adorni y la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, aunque cualquier definición está lejos en el tiempo.
En paralelo, Villarruel mantiene una agenda propia y cultiva vínculos con gobernadores y referentes provinciales, como el mandatario riojano Ricardo Quintela, uno de los opositores más duros de la Casa Rosada. Esa foto reciente alimentó suspicacias en el oficialismo, donde la califican de “peronista con ansias de poder y antiliberal”, una definición que en su entorno rechazan de plano.
Una convivencia forzada
Por ahora, ambos descartan una ruptura formal. En el Gobierno insisten en que no impulsarán su salida antes de 2027. En el entorno de Villarruel responden que fue electa por el voto popular como parte del binomio presidencial y que su mandato no está en discusión.
La convivencia, sin embargo, parece cada vez más compleja. La Vicepresidenta sostiene que actúa con apego institucional; el Presidente y su círculo íntimo reclaman disciplina política y defensa irrestricta del programa de reformas.
En ese delicado equilibrio entre autonomía institucional y lealtad partidaria se juega no solo la relación personal entre Milei y Villarruel, sino también la estabilidad interna de un oficialismo que, a poco más de dos años de gestión, enfrenta el desafío de sostener cohesión en medio de una agenda de reformas ambiciosa y una oposición atenta a cada fisura.
Identidad Correntina





















