El “puchito” en disputa: ¿se recuperó el ingreso familiar o el alivio es parcial?
El Gobierno decidió dar una batalla simbólica y técnica al mismo tiempo: la del ingreso disponible en los hogares, ese dinero que queda después de pagar los gastos fijos y que explica, mejor que cualquier otro indicador, la sensación cotidiana del “no llego a fin de mes”.
La discusión se encendió luego de que el presidente celebrara como un “tremendo dato” una medición que muestra que el ingreso disponible ya estaría por encima de los niveles de fines de 2023. Sin embargo, otras consultoras privadas advierten que la mejora perdió fuerza y que el alivio no es homogéneo.
La recuperación más rápida
Según el econometrista de la Universidad Torcuato Di Tella, Martín González Rozada, el ingreso disponible real (YD) cayó 21% entre fines de 2019 y el primer trimestre de 2024. Pero luego, en apenas seis trimestres, recuperó todo lo perdido y más.
Entre el primer trimestre de 2024 y el tercero de 2025, el YD creció 43,7%, y en ese último registro superó en 13% el nivel prepandemia (cuarto trimestre de 2019). El dato clave que explica esa mejora es que el ingreso total familiar real (ITF) subió 47,9% en ese período, mientras que los gastos fijos aumentaron su peso del 36,5% al 38,8% del ingreso.
Es decir, los ingresos crecieron más rápido que los gastos regulados, incluso después del fuerte shock de tarifas y precios relativos de diciembre de 2023, cuando energía y alquileres subieron por encima del IPC general y el ingreso disponible cayó más que el ingreso total.
Para esta mirada, el ajuste ya quedó atrás y la billetera promedio estaría mejor que al inicio de la actual gestión.
El contrapunto: señales de estancamiento
Pero no todos los números cuentan la misma historia.
La consultora Empiria, dirigida por Hernán Lacunza, detectó que el ingreso disponible cayó 1% real mensual en diciembre y acumuló una contracción del 3,1% en el último cuatrimestre medido. Frente a noviembre de 2023 —cuando asumió la actual administración— la brecha sería de -6%.
Empiria también señala que, aunque el promedio de 2025 mostró una mejora interanual de 12%, esa recuperación se explica en gran parte por la bajísima base de comparación del primer semestre de 2024. Además, advierte que los gastos fijos representan 23% del ingreso familiar y las cuotas de préstamos otro 26%. Eso implica que hacia el día 5 del mes ya está comprometido el 50% del salario, lo que ayuda a explicar una mora en tarjetas que ronda el 9%.
Desde Ecolatina, su director Federico Moll sostiene que el ingreso disponible promedio de 2025 creció 14% frente a 2024, pero reconoce que la recuperación “se abortó” hacia febrero-marzo y que el arranque de 2026 muestra una tendencia levemente negativa.
Metodologías y percepciones
Las diferencias se explican en parte por la metodología. González Rozada utiliza datos trimestrales de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, que incluyen ingresos laborales y no laborales. Las consultoras privadas combinan registros mensuales, índices salariales y estimaciones propias de gastos inelásticos como tarifas, educación y salud.
Sin embargo, más allá de la técnica, el debate revela algo más profundo: la desconexión entre estabilización macroeconómica y percepción cotidiana.
El propio González Rozada admite que, al cierre de su serie (tercer trimestre de 2025), el ingreso disponible aún estaba 12,8% por debajo del inicio de la serie en 2017. Es decir, la recuperación reciente compensa el shock más reciente, pero no el deterioro acumulado de los últimos años.
El dato que importa
El ingreso disponible se volvió central porque explica el consumo, y el consumo explica buena parte del clima social. Si el “puchito” efectivamente se recuperó y supera los niveles de 2023, el consumo debería acompañar. Si la mejora se frenó, la economía puede enfrentar un techo en su reactivación.
En definitiva, el debate no es sólo estadístico. Es político y social.
El Gobierno necesita que la billetera confirme el relato de recuperación. Las consultoras advierten que el margen es más estrecho y que el alivio es desigual.
Entre una mejora del 43,7% en seis trimestres y una caída acumulada del 3,1% en los últimos meses, la discusión sigue abierta.
Y se define, más que en los gráficos, en el changuito del supermercado.
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