Las cosas no salen mal. Las hacemos mal.


El Jagua Arandú anda con el olfato confundido. No es para menos. Al "perro sabio" se le amontonan las palabras en el hocico y el olor que siente no es precisamente a asado de domingo. Es un tufo a rancio, a mezcla de expediente judicial, galpón de fábrica cerrado y oficina pública con la luz apagada.
¿Por qué se le juntan palabras como Fate, UIA, Luciani y Causa Vialidad? Porque en el olfato del Jagua, todo es parte de la misma herida. Mientras la industria (UIA) y las empresas como Fate lidian con el Cepo y las SIRA (ese laberinto para importar que parece diseñado por un enemigo), la justicia desentierra los bolsos de La Rosadita y las sentencias de la Causa Vialidad. Para el Jagua, la "Aduana Paralela" y el escándalo del Fentanilo o las cajas de ANDIS no son hechos aislados: son la prueba de que, cuando el Estado no es fuerte, es simplemente un botín.
El baile de los que sobran (y de los que no están)
Si uno se pone orejudo, lo escucha a Don Raúl Prebisch revolverse en la tumba. Su teoría de "Centro-Periferia" —esa que explicaba cómo el mundo nos saca ventaja— hoy parece un "centro a la olla": un pelotazo desesperado a ver si alguien la cabecea. Nadie entendió que la Sustitución de Importaciones era para ganar soberanía tecnológica, no para proteger mediocres con contactos.
Y ni hablemos de Don Aldo Ferrer. El hombre pedía "densidad nacional", un Estado fuerte y empresas sólidas para insertarse en el mundo con la frente alta. Pero al Jagua se le atraganta el ladrido cuando ve que cambiamos estrategia por coimeros, capacidad por demagogia e idoneidad por un carnet de militancia. El "ALCA, al carajo" del prócer bolivariano terminó siendo un grito que nos dejó lejos del mundo y cerca de la miseria, sin la cohesión social que Ferrer soñaba.
El diagnóstico del perro sabio
El Jagua Arandú se sienta, mira el horizonte y sentencia: la corrupción no es solo que alguien se robe un vuelto; es que la idoneidad para la función pública pasó a ser una pieza de museo. Cuando los mediocres toman las decisiones, el resultado es este guiso indigerible de crisis y sospecha.


Posdata del Jaguareté:
"Que no se confundan los mediocres. El Jagua se cansó de ser solo un observador de la decadencia. Ahora se autopercibe Jaguareté: ya no solo huele la trampa, la expone; ya no solo siente el rastro del coimero, lo acorrala. El que avisa no traiciona: donde antes había un ladrido de advertencia, ahora hay un rugido que exige idoneidad. El monte está despertando."