El Jagua Karu y la noche de los “Monstruos” Sagrados


Es hora de decir las cosas como son. Mientras los "monstruos" de las columnas bien pagas, los académicos de títulos largos y las "sacerdotisas" de la opinión se miran el ombligo en sus oficinas con aire acondicionado, el Jagua está acá, agazapado. No es que el Jagua sea malo; es que tiene el olfato fino para detectar la naftalina.
Se acabó la era de la "Palabra Sagrada". Esos hechiceros y monjes negros que nos dictaban el dogma desde un púlpito de cristal están viendo cómo les llega la noche. Y se preguntarán: ¿No se dan cuenta del tsunami de cambios? ¿O es que el sueldo del Cherubicha ($) les tapó los oídos?
Nos vendieron que sus artículos eran verdades del universo, mensajes divinos respaldados por una "idoneidad moral" y "años de trayectoria". Pero hoy, el Jagua ogayva (el que anda por ahí) accedió a la Inteligencia Artificial y la estantería se les vino abajo. Resulta que la "verdad revelada" no era más que un guion para mantener el corral tranquilo. La autoridad que ostentaban no era sabiduría, era simplemente el monopolio del micrófono.
Hoy el Jagua se siente como si estuviera en alpargatas, bombacha y camisa Ombú, parado en medio del cambio de guardia del Palacio de Buckingham. Parecemos desubicados, ¿verdad? Pero los desubicados son ellos, los que siguen con la galera puesta mientras el mundo ya se mueve por otros carriles. Como decía aquel grafiti: "Sea que te resulte claro o no, el mundo marcha como debiera".
A la perrada que se suma a estas lecturas: no se engañen por la foto. El Jagua se autopercibe como un Tuja Mboriahu (un viejo pobre), pero con la sabiduría que da el barro. Estamos acá para tocarles el orgullo (y algo más) a las eminencias. No es el Jagua el que muerde; es la Realidad la que finalmente los está alcanzando.
El tsunami ya llegó. Y mientras los "monstruos" buscan un salvavidas de plomo en sus viejos dogmas, el Jagua ya aprendió a nadar.