La persona de clase trabajadora no es capital, es sujeto de derecho

Para el concepto derechista de "Capital Humano", la persona deja de ser sujeto y pasa a ser vista como un "activo" que debe rendir y facilitar la rentabilidad de los dueños del capital.

Vivimos un tiempo en el que las corrientes de pensamiento de derecha avanzan en el criterio de quitarle todo rasgo de humanidad a las personas de la clase trabajadora. Por eso, sus máximos exponentes como Javier Milei reemplazaron los ministerios de Trabajo, de Acción Social y Educación por uno que denominaron Capital Humano, una clara concepción de pensar a las personas, que no son parte de la casta adinerada, como meros recursos económicos.

Históricamente se definió al "capital" como "el conjunto de recursos económicos, financieros, materiales o productivos que se utilizan para generar bienes, servicios y riqueza".

Con el auge de las ideas neoliberales, no pocos teóricos introdujeron el concepto de Capital Humano. Es decir, la idea de que las personas son un recurso más a ser utilizadas por el capitalismo como un medio de producción.

Desde esa percepción no debe extrañar que avancen con leyes que apuntan a la eliminación de los derechos de las personas asalariadas, por eso es que Federico Sturzennegger, Javier Milei y Patricia Bullrich se desvelan por eliminar toda ley que reconozca derecho a las personas de clase trabajadora.

En ese contexto también avanzan contra los derechos humanos de los niños y adolescentes, en una regresión de normas que los penalizan y criminalizan sin atacar las verdaderas causas por las cuales un adolescente deriva en la delincuencia.

Ese niño excluido es visto como "capital humano defectuoso", por lo tanto solo le cabe el poder punitivo del Estado porque no conciben otra forma de administrar ese "recurso".

Está claro que para quienes gobiernan hoy la Argentina y sus 42 cómplices en el Senado de la Nación y más de 140 diputados nacionales, los trabajadores y los niños y adolescentes en conflicto con la ley no se merecen consideración humana porque para el concepto de "Capital Humano" la persona deja de ser sujeto y pasa a ser vista como un "activo" que debe rendir y facilitar la rentabilidad de los dueños del capital. No conciben la dimensión humana de esas personas.

Sin derecho a enfermarse

Una prueba de que para Javier Milei y sus cómplices legislativos los trabajadores no se merecen derechos es el artículo 208 del proyecto de ley de reforma laboral que señala lo siguiente: "En caso de sufrir un accidente o una enfermedad que no sea consecuencia de la prestación de tareas derivadas del contrato de trabajo, y que impida dicha prestación, el trabajador tendrá derecho a percibir el 50% de su remuneración básica que perciba al momento de la interrupción de los servicios si la imposibilidad de trabajar fuera producto de una actividad voluntaria y consciente del trabajador que implicara algún riesgo en la salud durante un período de tres meses si el trabajador no tuviera personas legalmente a su cargo, o de seis meses si las tuviera".

Asimismo, indica que si el mal reaparece algún tiempo después de padecida, "no será considerada una enfermedad distinta, salvo que se manifestara una vez transcurridos los dos años. Si la imposibilidad de trabajar no fuera producto de una actividad voluntaria y consciente del trabajador sobre el riesgo en la salud percibirá el 75% de tal remuneración, en cualquier caso, durante el mismo período de tiempo dispuesto en el párrafo precedente", agrega.

O sea, los trabajadores pierden el derecho al descanso laboral con certificado médico, ya que se le descontarán sus haberes si el mal es provocado, como dijo el ministro Sturzennegger, por una lesión del fútbol de los martes o es víctima de una gripe que no se buscó, o sea un trabajador asalariado no tendrá el derecho a faltar si padece alguna enfermedad, cualquiera sea el origen.

No es raro entonces que para justificar la derogación de derechos laborales utilicen el eufemismo de la "modernización", mientras aprueban leyes que retrotraen el derecho laboral a normas del siglo XIX, cuando no se podía presentar una justificación de falta por padecer algún mal y en ese tiempo no importaba si la enfermedad era provocada por el trabajo insalubre.

No es raro entonces que este Gobierno promueva el industricidio que se lleva puestos varios centenares de miles de puestos de trabajo y que los empresarios se animen, como los dueños de textil Alal, a cerrar sus persianas y se nieguen a pagar sus indemnizaciones.

Fuente: Época