Jagua Arandu
Uno ya está viejo y tiene el cuero curtido de tanto sol y alguna que otra granizada. A esta altura, después de haber visto pasar tantos carros por el mismo camino, a uno ya no lo sorprende la polvareda. Me echo aquí, a la sombra, me rasco las pulgas solo —que ya aprendí que nadie lo hace por uno— y miro cómo se mueve el avispero. Dicen que las cosas cambian, pero el ojo del perro viejo ve otras señas.
De collares nuevos y mañas viejas
Leía a Daniel Santa Cruz en La Nación con su nota "Distintos pero parecidos". Y tiene razón el hombre: a veces nos cambian el collar, pero el perro sigue siendo el mismo. Me hace acordar a esos patrones que vienen con aires renovados, pero al final terminan usando el mismo rebenque y los mismos vicios de los que se fueron. Las mañas de la política son como las garrapatas: cambian de bicho pero no de costumbre.
Y hablando de rebenques, Luciano Román puso el dedo en la llaga con "Sumisión o despido". ¡Minga de libertad si al final del día tenés que agachar la cabeza para que no te saquen el plato de comida! Uno es modesto, pero aprendió a rebuscarse solito para no depender de la mano del que te quiere poner el bozal. Parece que hoy, si no movés la cola cuando el patrón manda, te quedás afuera del rancho.
Entre leyes y pelotas
Por otro lado, parece que en el pueblo de los "doctores" andan de festejo. Jorge Grispo explica en Infobae qué implica la media sanción desde la mirada empresarial. Dice que ahora el marco legal les da un "respiro". Ojalá que ese aire llegue también a los que estamos acá abajo, porque hasta ahora, lo único que nos llega de los grandes despachos es el humo de sus habanos. Uno espera que, por una vez, las leyes sirvan para algo más que para que el patrón cambie la camioneta.
Y para coronar el día, me entero por Facundo Chaves en Infobae de un fallo que le quita el sueño al Chiqui Tapia. Parece que la justicia se metió en el canchón de la AFA para mirar los contratos de la Selección. ¡Lindo lío! Cuando el río suena es porque piedras trae, y al parecer, ni la pelota se salva de que le miren las costuras.
Aquí me quedo, quietito, orejeando. Los que mandan creen que somos ciegos, pero el Jagua Arandu tiene mucha memoria. Sabemos quién nos dio un bocado de buena fe y quién nos tiró un hueso seco para que nos callemos. El derecho de cita es para los ilustrados; el derecho de "olfatear la verdad" es de los que ya no se asustan con cualquier cohete.

















