Una puesta correntina de Malvinas brilló en festival nacional de Córdoba
La actriz y docente de San Roque, Sofía Montenegro, llevó al escenario la historia de doña Elma Pelozo, madre pionera en la identificación de soldados caídos en Malvinas inhumados como NN. Una puesta íntima, respetuosa y profundamente emotiva que conmovió al país.
En uno de los escenarios más importantes del folclore argentino, en pleno Festival Nacional del Malambo, una historia nacida en Colonia Pando, Corrientes, logró abrirse paso entre zapateos, danzas y competencias para poner en el centro algo más hondo: la voz de una madre y la memoria de Malvinas.
Sofía Montenegro tiene 26 años, es profesora de Lengua y Literatura y actriz de San Roque. "Desde los 10 años integro el grupo de teatro Tovarangá, dirigido por Adolfo ÂGato Sánchez", se presenta. Pero esa noche en Laborde, Córdoba, no fue solo una intérprete: fue canal, fue testimonio, fue emoción compartida. Su puesta escénica -guionada y dirigida por Sánchez- recreó la historia de doña Elma Pelozo, madre del soldado correntino Gabino "el Cambacito" Ruiz Díaz, caído en la guerra de Malvinas.
La participación se dio en el rubro Paisana Nacional, un espacio que, como explicó Sofía, "busca darle lugar a la voz de la mujer" y propone contar "una historia representativa de una mujer de tu provincia" a través de distintas expresiones artísticas. "Tenés un abanico de posibilidades: actuación, danza, canto, recitado. Incluso, podés fusionarlas", dijo.
La elección no fue casual. "Con Gato decidimos presentar la historia de doña Elma porque es la madre pionera en el reconocimiento de los cuerpos NN de los soldados argentinos en Malvinas", contó.
En efecto, Elma fue la primera madre en donar su ADN en el marco del proyecto humanitario impulsado por la Fundación No Me Olvides junto a la Cruz Roja y el trabajo clave del militar británico Geoffrey Cardozo, quien había documentado cuidadosamente cada sepultura en Darwin en el 82. Gracias a ese proceso, Gabino Ruiz Díaz fue el primer soldado identificado décadas después.
En busca de sentimientos
Antes de escribir una sola línea de la puesta, hubo un gesto indispensable. "Lo primero que hicimos fue comunicarnos con doña Elma, contarles a grandes rasgos el proyecto y pedirle su autorización", recordó Sofía. La señora no solo accedió: los recibió en su casa. "Nos invitó a Colonia Pando, pasamos una mañana con ella. Fuimos a buscar sentimientos, recuerdos, la palabra de una madre. Para el teatro eso es fundamental".
Ese encuentro lo marcó todo. "Tuve la posibilidad de observar su manera de hablar, sus gestos, cómo movía las manos cuando contaba determinadas cosas. Fue riquísimo para la puesta", dijo Sofía. Y subrayó la generosidad de la anfitriona: "Es su historia de vida, el recuerdo doloroso de su hijo, y sin embargo nos brindó información muy sensible".
El desafío fue condensar esa vida en cinco minutos, el tiempo máximo permitido por el reglamento. "Gato tuvo un trabajo enorme. Además de dirigir, él escribe el guion", indicó.
La escena se ambientó entonces en el cementerio de Darwin y reconstruyó los dos viajes de Elma. El primero, en 1997, cuando eligió al azar una cruz que decía "Soldado argentino solo conocido por Dios". El segundo, muchos años después, cuando finalmente pudo regresar y descubrir que su hijo descansaba en otra tumba.
"Hay una casualidad muy fuerte: ella le erra por un lugar", contó Sofía. Ese detalle atraviesa la obra como metáfora del dolor y la espera. Entre ambos momentos, un fragmento musical de "Soldados correntinos", del grupo Gente de Ley, simboliza el paso del tiempo hasta 2020, cuando Elma, ya con su hijo identificado, pudo viajar nuevamente pese a sus problemas de salud.
DOÑA ELMA EN AQUEL ÚLTIMO VIAJE A LAS ISLAS MALVINAS.
El sueño premonitorio
La escena incorpora también los recuerdos más íntimos. "Cuando Gabino se va a la guerra, ella recuerda que él baja de un naranjo del patio y le pide que no llore. Que se iba orgulloso a pelear por su patria", relató Sofía. Y el sueño premonitorio: "Ella sueña que por el caminito largo de la entrada de su casa llegan camiones verdes con el cajón de él, tapado con la bandera argentina. No lo tomó como un simple sueño, sino como una señal".
El cierre es simple y devastador. Doña Elma -encarnada por Sofía- coloca la placa con el nombre de Gabino sobre aquella otra que decía "Soldado argentino solo conocido por Dios".
"Ahí termina todo", dijo, y el silencio volvió a ocupar el escenario.
Una voz para la causa
La obra ganó el preselectivo en Santa Lucía y le permitió a Sofía representar a Corrientes en el festival nacional, frente a artistas de las 23 provincias. "Lo que empezó como un proyecto artístico fue tomando otro rumbo. Se convirtió en un objetivo personal y social: ser una voz para la causa Malvinas", afirmó.
La instancia nacional superó cualquier expectativa. "Más allá de la competencia, fue un orgullo enorme estar en la apertura del festival con esta causa", dijo. Y anticipó que no es un punto final: "Queremos seguir, armar algo más grande".
Sofía volvió a San Roque con mensajes de todo el país. "Gente que no conozco me escribió emocionada", señaló. "Volví feliz, no solo como artista, sino a nivel personal", sintetizó.
Así, en cinco minutos, desde otro canal artístico, una historia correntina volvió a decir Malvinas en voz alta. Y el país lo escuchó.
Una voz quebrada, un prendedor y la causa sobre el escenario
La noche de la presentación guardó un momento inesperado que Sofía Montenegro atesora como uno de los regalos más profundos del festival. "El rubro Paisana Nacional lo presentan los locutores oficiales", explicó en un momento de la charla.
Esa noche cordobesa eran cuatro los locutores que se turnaban al azar. Quien anunció su puesta fue Fernando Calle, locutor bonaerense y ganador del rubro el año anterior.
"Me entero después de salir de escena que había sido él. Ya durante la presentación se lo notaba muy conmovido", recordó la correntina. Apenas terminó la actuación, en ese cruce fugaz sobre el escenario, él le dijo: "Muchas gracias".
Más tarde, Sofía fue a agradecerle. "Me pidió perdón por la emoción. Me dijo: ÂSe me cortaba la voz, no sé cómo pude terminar de leerÂ. Y me contó que es un gran defensor de la causa Malvinas". Calle conduce el programa radial Malvinas en primera persona y lleva años difundiendo testimonios de excombatientes.
El gesto final selló la conexión. "Me muestra un prendedor de Malvinas. Era el mismo que yo había llevado, uno que me prestó un excombatiente, Ramón Ramírez, de esos que se entregaban a los soldados", reveló.
Ambos, desde provincias distintas, llegaron al mismo escenario con igual símbolo.
Fuente: Época

















