Tan solo al escuchar su nombre, relacionamos íntimamente el cannabis con su uso como estupefaciente, pero esta asombrosa planta tiene múltiples beneficios alimenticios, medicinales, industriales y medioambientales. Hoy vive un resurgimiento que rescata el valor que supo tener en el pasado.

Desde tiempos inmemoriales, por ejemplo, las fibras de cannabis se utilizaron para variadas actividades. En el siglo I, en China, se produjo el primer libro con papel de cannabis. Entre los siglos XI y XV, en la Edad Media, las poblaciones de Europa central y del norte lo utilizaron para textiles y cuerdas. En 1450, Gutenberg imprime la primera Biblia en papel de cannabis. En 1492, Cristóbal Colón llega a América en carabelas con velas hechas de lona de cannabis. En 1776, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos fue redactada en papel de cannabis.

La planta de cannabis tiene potencial de uso con fines alimenticios, medicinales e industriales.La planta de cannabis tiene potencial de uso con fines alimenticios, medicinales e industriales. 
El cannabis es una planta anual que pertenece a la familia Cannabaceae y al género Cannabis, que está compuesto por tres especies: Cannabis indica, Cannabis ruderalis y Cannabis sativa. Esta última, también conocida como marihuana, es una planta originaria de Asia cultivada desde hace más de 6000 años, con registros de uso medicinal desde hace 4700 años.

Los primeros botánicos chinos la describen como una planta dioica, es decir, de sexos separados, de tallo erecto y hojas palmadas. Las inflorescencias masculinas son ramificadas, laxas y con muchas flores; las femeninas son densas, pero con pocas flores.

En condiciones ideales la planta llega a crecer hasta tres metros.

Los primeros botánicos chinos describieron al cannabis como una planta dioica, es decir, de sexos separados, de tallo erecto y hojas palmadas.Los primeros botánicos chinos describieron al cannabis como una planta dioica, es decir, de sexos separados, de tallo erecto y hojas palmadas. Fuente: Jardín - Crédito: Gaspar Kunis
Se trata de una planta que tiene una alta capacidad de producir biomasa y puede ser utilizada en la fabricación de fibras textiles de origen natural, aceites comestibles, medicinas, cosméticos, bioplásticos y biocombustibles. Además, su uso masivo aportaría al medio ambiente aspectos positivos: por cada kilo de fibras de cannabis en reemplazo de la fibra de vidrio, se evita liberar 1,4 kg de CO2 a la atmósfera. Cerca de cien mil toneladas anuales de CO2 son ahorradas en Europa gracias a su cultivo. También, al reemplazar al papel, se reduce el uso de cloro usado para el proceso de blanqueado.

Fines alimenticios
Su aceite es comestible y muy saludable: tiene altos porcentajes de los ácidos grasos linoleico y oleico, y además contiene ácidos grasos omega 3, grasas poliinsaturadas necesarias para fortalecer las neuronas y para otras funciones importantes, como prevenir accidentes cerebro-vasculares (su semilla tiene concentraciones similares a las de la chía o Salvia hispanica).

La ingesta de semillas de cannabis hace plausible la reducción del colesterol en sangre.

En la India, la semilla descortezada se utiliza como condimento en ensaladas y para la producción de margarinas, tofu, helados y similares. En África y Oriente Medio las hojas y las flores se utilizan para la producción de té, cerveza, dulces, aceite para perfumes y sustancias aromatizantes para alimentos. La harina obtenida mediante semillas prensadas en frío tiene uso alimentario debido a que está libre de gluten.

Fines medicinales
Es necesario ser muy prudente a la hora de aseverar los atributos del cannabis con fines medicinales, y en este marco actualmente se puede dividir la información en tres niveles:

Un nivel empírico, sin sustento científico, basado en el conocimiento popular que le atribuye propiedades analgésicas, de relajante muscular, antidepresivas, hipnóticas, inmunosupresoras, antiinflamatorias, ansiolíticas, antidepresivas, antiobesidad, estimulantes del apetito, antieméticas, antiglaucomatosas, broncodilatadoras, anticancerosas, entre otras.
Un nivel científico, en el que los usos medicinales de la marihuana se sustentan en ensayos clínicos controlados, que validan cierto efecto benéfico en: a) espasticidad por lesión de la médula espinal o por esclerosis múltiple; b) dolor crónico, en especial neuropático; c) trastornos de movimiento; d) asma; y e) glaucoma. En estos estudios controlados la marihuana se muestra como un producto relativamente eficaz y seguro.
Un nivel cuasi científico, con información derivada de ensayos clínicos no controlados (con limitaciones metodológicas), que refieren su utilidad en el tratamiento de la epilepsia, hipo intratable, depresión, enfermedad bipolar, estados de ansiedad, dependencia al alcohol y opioides, enfermedad de Alzheimer, alergias y procesos inflamatorios, mostrando también propiedades de neuroprotección. En estos estudios se requieren más ensayos controlados que ofrezcan rigor científico para aseverar contundentemente su valor terapéutico.
La industria farmacéutica desarrolló dos cannabinoides sintéticos, la nabilona y el dronabinol, útiles en el control del dolor tipo fibromialgia y neuropático. Su potencial terapéutico en estas circunstancias es muy atractivo.

Fines industriales
El uso de fibras de cannabis en reemplazo de la fibra de vidrio evitaría liberar importantes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera.El uso de fibras de cannabis en reemplazo de la fibra de vidrio evitaría liberar importantes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera. Fuente: Jardín - Crédito: Gaspar Kunis
En condiciones óptimas, el cannabis logra producir una cantidad de biomasa muy importante en relativamente poco tiempo y tienen capacidad de producir fibras textiles para múltiples usos, de buena calidad. Actualmente, las fibras industriales mediante la hilatura en húmedo se utilizan para la fabricación de telas y prendas de vestir; las de menor calidad se utilizan para hacer cuerdas, sacos, lonas, alfombras, pasta de papel para billetes y documentos oficiales, papel para cigarrillos, paneles aislantes e insonorizantes para la construcción de edificios.

Así, el mercado de las fibras ha cambiado en los últimos años con el auge de los productos orgánicos. En Europa la demanda de cáñamo aumentó de tal manera que, en 2018, se sembraron 15.000 hectáreas de Cannabis sativa entre Francia, Alemania, Polonia, Bélgica y España. Su cultivo es rústico, no utiliza agroquímicos y crece muy rápido.

Las fibras son usadas en la producción de cosméticos y geles para la higiene del cuerpo. El aceite procesado químicamente también se utiliza para la fabricación de detergentes, tintas de impresión, pinturas al óleo y de exteriores de edificios, disolventes, adhesivos y en el combustible biodiésel.

La industria automotriz demanda cannabis para los rellenos de los asientos y en los paneles laterales de las puertas. Se tiende a eliminar la fibra de vidrio porque cuando entra en combustión, una vez que el vehículo es desechado, genera problemas ambientales. Por eso, se busca reemplazarla por materiales compuestos por fibras naturales como la del cannabis, plástica y resistente.

El ciclo natural de Cannabis sativa
Comienza en la primavera con la germinación de las semillas. La raíz principal es robusta y aumenta rápidamente hasta la floración. La etapa de crecimiento vegetativo se lleva a cabo hasta mediados del verano, en que comienzan a florecer. El desarrollo floral se mantiene durante dos o tres meses y la cosecha óptima de tallos, hojas y flores se da a principios del otoño.

Por Carlos L. Boschi, ingeniero agrónomo
LA NACION


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