Ya son cinco los denunciantes que apuntaron por abuso sexual contra el sacerdote platense que confesaba al padre Grassi y que sigue libre


Por Fernando Soriano

Diego, Juan, Julián, Roberto y, ahora, Gustavo, tienen algo en común: comparten una verdad que por miedo o pudor o desconocimiento mantuvieron en secreto mucho tiempo y ahora se ilumina. Todos ellos conocen la otra cara del carismático sacerdote católico Eduardo Lorenzo, el lado atroz, el del abusador de menores de quien fuera capellán del Servicio Penitenciario Bonaerense. Y lo denunciaron. Hasta el viernes de la semana pasada la Justicia tenía entre sus expedientes los relatos de cuatro de ellos y este lunes se agregó el quinto testimonio.

Gustavo -nombre ficticio que protege la identidad de este hombre de 44 años, empresario gastronómico platense, un hijo- relató durante dos horas y media ante la fiscal Ana Medina cómo y cuándo el cura Lorenzo abusó de él. Fue cuando la víctima tenía 16 años, en 1991, y el sacerdote lo obligaba a hacerle masajes, lo emborrachó e intentó besarlo en la boca.

“Me pedía que le hiciera masajes en la espalda y me subiera arriba de él”, relató el lunes en los Tribunales de la capital bonaerense y varias veces tuvo que interrumpir su testimonio, presa de la conmoción y el llanto. Según declaró Gustavo, sufrió abusos por parte de Lorenzo entre 1991 y 1992 en la parroquia San José Obrero, de Berisso, y en la iglesia San Benito, en Olmos.

El hombre contó que conoció al cura por su pertenencia a un grupo scout de la iglesia Rosa Mística, en el centro platense. “En ese momento Lorenzo coordinaba todos los grupos scouts a nivel regional y ahí comenzamos a tener una amistad. Al tiempo de haberlo conocido en la Rosa Mística, Lorenzo me invitó a ver grupos de scouts que tenía. Yo iba cada tanto, compartía alguna actividad. Y un día me invitó a cenar a la casa parroquial, que quedaba al lado de la iglesia San José Obrero. Fui y como no podía volver porque era tarde, me ofreció que me quede en una habitación que tenía”.

 El cura Eduardo Lorenzo fue visto semanas atrás en el centro de La Plata
El cura Eduardo Lorenzo fue visto semanas atrás en el centro de La Plata

Así comenzó Lorenzo, quien también habría sido confesor de otro cura abusador más célebre, Julio César Grassi, a buscar la forma de abusar de Gustavo. El hombre contó que fue varias veces a Berisso. “Me acuerdo que un día me dijo que estaba con mucho dolor en los pies y las piernas, y me pidió si podía hacerle masajes en los pies, y accedí porque no le encontraba nada raro. Al tiempo, una noche me pidió si le podía hacer masajes en la espalda porque estaba muy contracturado. Él tenía una cama grande y se acostó boca abajo. Cuando empiezo a hacerle masajes, él me dice que para estar más cómodo, que mejor me suba arriba de él. Lo hago y yo estaba como sentado de las rodillas de él, un poco más para arriba. Entonces él me pide que me siente más arriba porque le hacía mal a las piernas”, relató la víctima.

Según explicó a la fiscal Medina, el cura “de alguna manera buscó la vuelta para que me siente bien arriba de su culo”. Pero el entonces adolescente no lo hizo. De acuerdo con su relato a Medina, "habrán pasado 10 minutos cuando le dije que me iba a dormir porque estaba cansado. Al día siguiente me desperté, desayunamos y a media mañana me fui a mi casa”.

En una visita siguiente Gustavo contó que ocurrió una escena similar, lo de los masajes era la excusa perfecta para aproximarse al abuso. "Se volvió a repetir la misma situación. Ya directamente empezaba él pidiendo un masaje en los pies, y después volvió a lo de la espalda a ubicarme en la misma posición. La segunda vez cuando yo le masajeaba la espalda, empezó a moverse, a refregarse contra mí. Pasaba esto y yo buscaba la forma de irme. Le decía que estaba casando o necesitaba algo y me iba a dormir al otro dormitorio”.

Gustavo, que tenía 16 años, se daba cuenta de las insinuaciones del cura Eduardo Lorenzo e intentaba evitar el contacto excesivo con él. Pero no dejaba de ser una víctima de la manipulación del sacerdote, que ejercía su poder sobre los jóvenes que lo rodeaban. “Él siempre hacía mucho hincapié en la amistad, en la confianza, en que todo estaba bien, nada era malo de lo que hacía. Éramos amigos y estaba todo bien. Todo esto siguió pasando varias veces hasta que él se fue de Berisso para Olmos”, detalló el hombre ante la fiscal.

 
Lorenzo (abajo, a la derecha) rodeado de un grupo de jóvenes católicos, algunos de ellos menores de edad, en el departamento donde presuntamente abusó de tres de los cinco denunciantes
Lorenzo (abajo, a la derecha) rodeado de un grupo de jóvenes católicos, algunos de ellos menores de edad, en el departamento donde presuntamente abusó de tres de los cinco denunciantes

Lorenzo fue derivado de Berisso a la parroquia San Benito, en la localidad de Olmos, a donde también lo visitaba Gustavo. Como la estrategia de los masajes no dio resultado, siempre según el relato de la víctima, el presunto abusador intentó acortar caminos con la vía del alcohol y la embriaguez. Fue a todo o nada.

“La amistad continuó con Lorenzo. Un día me llama por teléfono a mi casa y me invita a cenar afuera. Me llevó al bar Almendra, de calle 8 y 57. Ahí empecé a conocer lo que era el whisky. Esa noche en Almendra tomamos mucho whisky. Volvimos a la parroquia de Olmos, otra vez me pidió los masajes, y yo no me sentía muy bien por el mismo motivo de haber tomado alcohol. Pero le hice masajes y él siempre buscaba la misma posición, y esta vez empezó a hacer los movimientos de una manera muy exagerados. Entonces me bajé, y él se levantó y me volvió a repetir que estaba todo bien, que él se sentía muy contento con la amistad que teníamos, que no había nada de malo. Pero yo insistí con irme, y ahí me dio un abrazo e intentó besarme en la boca", reveló Gustavo y ese fue el punto extremo del abuso.

Gustavo reaccionó, lo insultó y se fue: "Me acuerdo que le dije que era un hijo de puta y que si intentaba hacerme algo le iba a sacar la cabeza a trompadas. Me dijo que me calmara, que estaba todo bien, pero yo no le encontré justificativo a lo que hizo. Llegué a mi casa, me duché, me acosté y fue la última vez que yo fui a verlo”.

Una denuncia llevó a las otras

La primera denuncia contra Lorenzo fue en 2008, cuando Diego Pérez (27) acusó a Lorenzo por los abusos. Pero la causa fue archivada por la propia fiscal Medina, dado que el relato del denunciante, que en ese momento era menor y estaba patrocinado por sus padrinos, no contenía elementos suficientes, a su criterio, para continuar el caso.

Este año, sin embargo, el abogado Juan Pablo Gallego, que representó a las víctimas del expediente Grassi, volvió a la carga y logró reabrir el caso. Julio César y Adriana Frutos, padrinos de Pérez, un chico criado en la calle, lo contactaron para profundizar en la denuncia. Diego ya estaba más grande y quería ir a fondo con la denuncia. Su caso lo contó Infobae en abril de 2019 y la víctima se hizo llamar “León”. Ya no quiere esconder su identidad y por eso acepta que se divulgue su nombre. Días atrás, este medio publicó fragmentos textuales de la nueva declaración de Pérez.

Lorenzo junto al monseñor emérito de La Plata, Héctor Aguer
Lorenzo junto al monseñor emérito de La Plata, Héctor Aguer

“Me penetró sexualmente por vía anal innumerable cantidad de veces”; “El me decía vos ya sos mío. Solía traer dulces del Sur. Se los untaba en el pene para penetrarme y luego me pedía que yo hiciera lo mismo”; “En el interín de esas orgías y ataques sexuales a los que me sometía, a veces recordaba que tenía que dar misa y decía: estos pelotudos todavía creen en Jesús. Al finalizar las misas me alcoholizaba y me volvía a someter sexualmente”, son algunas de las escenas más espeluznantes.

La nueva denuncia de Pérez, diez años después del primer intento, abrió una puerta para otras víctimas, que agregaron sus relatos contra Lorenzo en la Justicia.

El 14 de julio de este año Julián Bartoli (36) agregó su testimonio, como víctima, contra el sacerdote, por hechos ocurridos entre 1999 y 2001, y además denunció que sufrió ciertos aprietes telefónicos por parte del sacerdote, que quería saber qué iba a declarar ante Medina.

“Durante los dos años de abuso, mi vida se tornó un calvario psicológico, en el que yo era sometido todos los días a diferentes tipos de maltrato causados, a veces, solo por cómo estaba vestido, o porque no había llegado a horario a la preparación de la misa, o me cortaba o no el pelo. En conclusión, cualquier cosa era válida para destruir mi autoestima”, relató en una conferencia de prensa meses atrás.

 
Julián Bártoli, uno de los cinco denunciantes
Julián Bártoli, uno de los cinco denunciantes

Tiene como modus operandi hacer fiestas en quintas que él mismo alquila. A la noche siempre hay alcohol, nunca hay mujeres y siempre hay varones mayores y menores de edad. Yo habiendo sido invitado a una fiesta, él me manda a llamar a su habitación privada, y cuando entro, estaba semidesnudo exhibiendo su pene acostado en su cama, ¿qué les parece que esto genera en la psiquis de un chico? Al día de hoy no puedo acordarme qué pasó y qué me hizo”, contó Bartoli, quien supo que tenía que contar lo que le había pasado cuando fue papá de su primer hijo.

Lorenzo se defendió de las acusaciones de Bartoli a través de una entrevista concedida al día siguiente al diario platense El Día. “Todo lo que cuenta es una gran mentira. Yo jamás abusaría de un chico, me parece algo asqueroso”, dijo.

Pero los testimonios en su contra siguieron. Y la Justicia se movió. Entre octubre y noviembre pasados Lorenzo, que está libre, fue sometido a pericias psicológicas, cuyos resultados todavía no están.

Liliana Rodríguez y Dino Bártoli, psicóloga y papá de Julián, quien además es su abogado querellante (Gustavo Gavotti)
Liliana Rodríguez y Dino Bártoli, psicóloga y papá de Julián, quien además es su abogado querellante (Gustavo Gavotti)

El 13 de noviembre apareció ante la fiscal Medina una nueva presunta víctima, que se hace llamar públicamente “Juan”, quien detalló los maltratos y abusos que vivió durante casi un año entre 2001 y 2002 en la parroquia Nuestra Señora de Lourdes, la misma iglesia en la que Julián Bartoli conoció a Lorenzo.

Juan contó que su familia era muy católica, de ir a misa siempre, y así conoció a este sacerdote, con quien comenzó a tener una relación de amistad estrecha, de modo que lo visitaba en su casa para tomar mate.

Iba a cenar a la casa cada vez más seguido, a veces nos quedábamos solos y tomábamos whisky. Y ahí comienzo a tener una relación de amistad, para mí era ‘el cura de todos’, pero en parte mi amigo. Él me valoraba, me hacía sentir especial, súper importante, donde vos te sentís que te elige a vos y no a otros. Pensaba ‘soy yo, me elige a mí por encima de todos’”, contó.

Además, detalló una de las características en las que sus presuntas víctimas coinciden sobre Lorenzo, que es la conseguir que siempre la gente haga las cosas por él: “Me acuerdo que lo pasaba a buscar por la Parroquia, y ahí una de las chicas le daba la comida, después íbamos al departamento y arrancaba la rutina: yo le ponía a cargar el celular, le cocinaba, cenábamos y con la excusa de mirar televisión, nos acostábamos. Recuerdo episodios de estar en la cama de su habitación. Estar acostados y abrazados, y él me decía que le gustaba mi olor y me pedía que le acariciara la cabeza, que le pasara mi mano por los pelos de su cabeza. Él siempre se encargaba de demostrarme que no había nada malo en compartir la cama o estar abrazados porque éramos amigos; y yo me autoconvencía que tampoco estaba mal, porque éramos amigos. Ahora, de grande, con otra perspectiva, me doy cuenta que no estuvo bien todo que hizo”.

Eduardo Lorenzo está en libertad (Arzobispado de La Plata)
Eduardo Lorenzo está en libertad (Arzobispado de La Plata)

Juan contó que Lorenzo le hizo limpiar los talones y que le pasara crema por sus pies y que en enero de 2002 el cura alquiló una quinta en el barrio de Gonnet para pasar el verano (según contaron fuentes del caso Lorenzo cobraría una cifra astronómica por ser capellán del Servicio Penitenciario) y él se mudó junto al cura: “Y literalmente me mudo a la quinta con él, hasta tenía mi pieza y las llaves del lugar. Una vez casi nos descubre acostados otro chico que vivía en la quinta y que formaba parte del grupo scout de Lourdes. Y ante esa situación, en la que casi nos descubren, cuando estábamos solos recuerdo que Lorenzo me decía: ‘zafamos, qué van a pensar estos’”.

El 14 de noviembre, Gustavo tomaba un café en una estación de servicio de La Plata cuando abrió un diario y leyó las declaraciones de Juan. Se quedó helado. Contó que estuvo así, estupefacto en el mismo lugar durante varias horas. Una avalancha de recuerdos que había sepultado sobrevino en su memoria. Esa noche el hombre se contactó con la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de Argentina y finalmente el 2 de diciembre declaró ante la fiscal Medina.

Ese mismo día la querella, volvió a pedir la detención del cura Lorenzo por un inminente “peligro de fuga”, algo que ya había requerido el 9 y 21 de octubre pasados, sin respuesta por parte de la fiscal Medina ni de la jueza de Garantías Marcela Garmendia, a cargo de la causa.

(Gustavo Gavotti)
(Gustavo Gavotti)

Fuentes del caso admitieron que la fiscal estudia el pedido de “captura”, por riesgo de fuga, ya que, como consta en el informe de la Dirección Nacional de Migraciones Lorenzo viajó al exterior en los últimos veinte años. Algunos de los destinos fueron Río de Janeiro, Brasil; Miami, Estados Unidos, Perú, México, Panamá, y Ecuador.

Según se detalla, el 23 de noviembre de 1997 viajó a Río de Janeiro, Brasil; el 20 de agosto de 1999 se fue a Miami; en 2000 y 2001 también realizó viajes, el 19 de mayo de 2010 estuvo en Perú; el 14 de mayo de 2012 a México; y el 23 de agosto de 2015 y 21 de agosto de 2016 el destino elegido fue Panamá y Ecuador.

Lorenzo actualmente vive en libertad. Fue corrido del Servicio Penitenciario y tampoco trabaja en una parroquia. El Arzobispado de La Plata, a cargo de Víctor “Tucho” Fernández, un hombre muy cercano al Papa Francisco, intentó ubicarlo en una escuela pero los padres de los alumnos firmaron un petitorio y reclamaron que no lo haga.

Se cree que vive en el edificio que tiene Cáritas en La Plata. Hace poco fue visto en el centro de la ciudad. Belén Bartoli, hermana de Julián, una de las víctimas, comentó con estupor a Infobae: “No sabemos si está en el país, si se fue o si, quizá, en este mismo momento que yo hablo con vos está abusando de otro menor”.

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