Argentina, Bolivia y Uruguay enfrentan cambios de era, de la mano de tres mujeres con vocación de hacerse notar.


Silvio Santamarina

Entre tantas olas que sacuden el suelo sudamericano, hay una que marca institucionalmente el final de año: el arribo de tres mujeres al Poder Ejecutivo de sus respectivos países. Se trata de Cristina Fernández de Kirchner, de Jeanine Áñez y de Beatriz Argimón. Cada una representa un rostro muy diferente de la realidad regional, aunque el denominador común que las contiene es el irrefrenable acceso femenino a los lugares clave del poder.

Desde luego que, en el caso de CFK, se trata de un regreso, que empezará a exhibirse como triunfal en breve, en su primera presentación agendada luego del triunfo electoral. Con la habitual excusa de difundir su libro “Sinceramente”, la jefa política del Frente de Todos comenzará a cincelar el nuevo relato audiovisual con el que gobernará -asociada con Alberto Fernández- desde el Senado. Hasta ahora, da la impresión de que su nuevo estilo de comunicación podría ser el inverso del que tradicionalmente usó: ahora se trata de hacer poco ruido y muchas nueces.

La situación de Jeanine Áñez, presidenta interina de Bolivia, es la típica de una figura de transición abrupta: su rol es ir de menos a más. Empezó como una mera figura administrativa que no ocultaba sus lágrimas aterradas por el vacío de poder que le tocaba rellenar. Pero rápidamente se fue regularizando parcialmente su estatus institucional, pasando de ser apenas la máscara civil de un golpe de Estado en curso, hacia un papel más o menos consensuado de garante provisional de un período puente que desemboque en un llamado a nuevas elecciones. En el medio, le tocó sufrir la violencia de género por la viralización de un supuesto video hot. Pero Áñez no se achicó y empezó a pulir su propia imagen presidencial en Twitter, mostrando su amor por un perrito huérfano, mientras sus presuntos gobernados viven una guerra civil cotidiana.

Por su parte, Beatriz Argimón representa un hecho histórico en la democracia uruguaya: es la primera vicepresidenta elegida en las urnas del país vecino. Argimón se entrevistará en los próximos días, para negociar la transición, Lucía Topolansky, la vice saliente y compañera de la vida de Pepe Mujica, había llegado al cargo por la renuncia del entonces vicepresidente elegido formalmente. La futura vice del ganador Luis Lacalle Pou tendrá que demostrar que no es una contradicción ser a la vez “feminista y de derecha”, dos facetas que describen su larga trayectoria política.

Tres mujeres, todas con el desafío de llevar a buen puerto los vientos de cambio que sacuden sus respectivos países, y a toda la región.
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