Es una señal a los sectores agrícolas y manufactureros que se ven afectados por la guerra comercial con China. El presidente va a la reelección el año próximo y busca apoyo en estados clave.

Paula Lugones

Poco antes de abordar el avión que lo trasladaría a Londres, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump​ respondió este lunes a los periodistas que le preguntaron sobre los aranceles que horas antes había reimpuesto al acero y aluminio proveniente de Argentina y Brasil: “Es muy injusto para nuestros productores de manufacturas, muy injusto para nuestros agricultores”, dijo.

El anuncio de las reaplicación de tarifas a los metales de nuestro país es una última escalada en el marco de la guerra comercial global, pero apunta a enviar una señal a su base electoral en estados sensibles a comienzo de su campaña para la reelección presidencial en noviembre de 2020.

Los sectores rurales del interior del país han sufrido el impacto de la batalla arancelaria con China ya que Beijing elevó las tarifas a los productos agrícolas estadounidenses como la soja, en respuesta a las que Trump había colocado. Sus exportaciones se vieron severamente perjudicadas. Aunque es dudoso el beneficio que la medida de este lunes puede traerles, el presidente mencionó a los “granjeros” específicamente en su tuit.

Los sectores manufactureros de Estados Unidos han sentido un impacto mixto de la política comercial de Trump. Los productores de acero y aluminio estadounidenses apoyaron las tarifas a importaciones de metal más barato del extranjero. Pero para otros no tuvieron los efectos deseados, porque sectores automotrices, de mecánica, de envasado de alimentos, por ejemplo, deben pagar más por la importación de los productos.

“Es una medida puramente electoral”, señala a Clarín Mark Jones, experto en Argentina del Baker Institute de Rice University, Texas. “El campo, en estados claves para la reelección de Trump como Iowa, Carolina del Norte y Wisconsin, está muy golpeado por la guerra tarifaria con China. Con esta medida, Trump muestra que está luchando para el campo, aunque solo para la vidriera, porque la medida no va a traer beneficios reales importantes para ese sector”, agrega.

“Al mismo tiempo, esta medida sí va a ayudar la industria de acero y aluminio en los EE.UU., reduciendo la competencia desde el Cono Sur, que va a resultar en un incremento leve en producción y empleo en estados claves como Michigan, Ohio, y Pennsylvania”.

Con las elecciones del año que viene aproximándose, Trump ha estado buscando tratar de disminuir los daños que la guerra comercial con China a causado en Estados Unidos. Por un lado, busca sellar un acuerdo que llamó de “primera fase” con China, aunque los dos países continúan discutiendo sobre los términos. Además, el presidente ha estado presionando al Congreso para que apruebe su revisión del Tratado de libre comercio con México y Canadá (NAFTA), una de sus grandes promesas de campaña.

Pero el anuncio de las tarifas a productos de Argentina y Brasil sorprendió en este contexto y muestra que no está dispuesto a abandonar su costado más confrontativo, aunque esta vez dirigido a frentes menos sensibles que el chino.

“El anuncio de aranceles sobre el aluminio y el acero fue un poco extraño porque el impacto económico va a ser muy marginal”, dijo a Clarín Alex Schober, analista senior de Ducker Frontier, una consultora especializada en mercados emergentes y cuyos clientes son empresas multinacionales. “Las exportaciones del acero y del aluminio de Argentina a los Estados Unidos constituye menos de 1% de todas las exportaciones argentinas. Más que nada, me parece que es una estrategia electoral de Trump porque se negocia ahora "la fase uno" de una tregua comercial entre los EEUU y China. Es decir, Trump no quiere presionar a China en este momento”, agregó.

Banjamin Gedan, director del Argentina Project del Wilson Center, dijo a Clarín que “el presidente Trump está obsesionado con el tipo de cambio y la balanza comercial y frustrado con la autonomía de la Reserva Federal, pero lo que sí puede controlar son los aranceles”.

Consultado sobre el posible impacto en la relación bilateral con Argentina, Gedan señaló: “Trump siempre está muy dispuesto a imponer costos económicos a sus socios comerciales, incluso aliados, cuando ve una ventaja política”. “Aunque Bolsonaro es probablemente el líder más admirado por la Casa Blanca, ahora es víctima de la política proteccionista de Trump”.

“Los canadienses y europeos, históricamente aliados clave de EE.UU., también han sido lastimados por la política comercial de Trump, entonces no sorprende que Argentina y Brasil no escapen sin daño”, apuntó.

Jones agrega que “seguramente Trump se siente algo mal golpeando a su aliado Jair Bolsonaro de esta manera, y me imagino que no le importa mucho el impacto negativo sobre la Argentina ahora que Alberto Fernández está tomando las riendas del país”. Sobre todo, apunta Jones, “particularmente después de que Fernández señaló que, al contrario de la administración de Macri, él no va a acompañar los EEUU en los temas más sensibles e importantes para Trump en América Latina como Venezuela y Cuba”.

Los funcionarios de Trump salieron a defender la medida, sin mencionar el frente electoral interno: el secretario de Comercio, Wilbur Ross dijo en una entrevista con Fox: “Aún nuestros amigos tienen que vivir según las reglas”. En sintonía, la asesora presidencial Kellyanne Conway dijo a la prensa: “Necesitamos que nuestros aliados y amigos respeten las reglas. Es lo único que puedo decir por ahora”.
CLARIN


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