La joven que tenía 15 años desapareció en 1983. Desde entonces es uno de los grandes misterios sin resolver.


Julio Algañaraz

Este jueves serán abiertas en el pequeño cementerio teutónico del Vaticano, cuya antiguedad se remonta al año 799, las tumbas de dos princesas alemanas fallecidas en 1836 y 1840. Un complejo aparato científico, burocrático, legal y hasta de obreros que deberán romper las lápidas, ha sido organizado para comprobar si junto a los restos de las dos aristócratas se encuentran huesos y otros elementos que pertenezcan a la identidad de Emanuela Orlandi, la chica de 15 años, hija de un dependiente vaticano, cuya desaparición el 22 de junio de 1983 constituye uno de los más grandes misterios italianos y de la propria Santa Sede.

Hace 36 años que el fantasma de Emanuela atormenta al país y a la Iglesia, sin que haya sido hasta ahora posible conseguir un dato cierto, una pista, de la desaparición de una joven ciudadana vaticana en un período agitado por el atentado al Papa Juan Pablo II, a quién el turco Alí Mehmet Agcá disparó en plaza San Pedro el 13 de mayo de 1981.

El caso fue siempre asociado a los chantajes de los terroristas turcos que habían dejado entender, sin ser específicos, que tenían en sus manos a Emmanuella y que para liberarla era necesario que Italia a su vez dejara en libertad a Agcá. El turco fue liberado por el pedido del mismo Juan Pablo II veinte años después del atentado y vive hoy en su país, como siempre diciendo cosas contradictorias pero sin asumir responsabilidades por el secuestro de Emanuela.

Pietro Orlandi, hermano de Emanuela, es el líder de una familia siempre desesperada. “Mi madre María difícilmente podrá soportar otros grandes sufrimientos”. El padre murió hace años. Los Orlandi fueron los que presentaron al Vaticano el pedido de abrir las tumbas, tras hacer recibido un anónimo con una foto de las dos tumbas. En una de ellas se ve un ángel con una mano que apunta a la tumba. “Busquen donde señala el ángel”, decía el anónimo. Además desde hace tiempo se difundió la versión de que manos piadosas anónimas depositan flores y velas en las tumbas en recuerdo de Emanuela. Otro misterio insondable hasta ahora.

“Finalmente se ha tomado una decisión sobre nuestra instancia y estoy contento, porque la voluntad de indagar ha faltado durante demasiado tiempo y me hace feliz que ahora se quiera profundizar el caso".

La familia Orlandi destacó en varias ocasiones que en el Vaticano faltaba la voluntad de ir a fondo en la investigación del caso.

Pietro Orlandi elogió al secretario de Estado Pietro Parolin y al comandante de la Gendarmería Vaticana, Domenico Giani, como los dos principales corajudos que pusieron en marcha las actuales investigaciones. “Quieren claridad”, dijo.

El cementerio teutónico se encuentra entre la basílica de San Pedro y el gran palacio de las Audiencias Generales, en un lugar donde se encontraba el llamado Circo de Nerón, escenario del martirio de muchos de los primeros cristianos en los pantanos vaticanos.

El promotor de Justicia del Vaticano, Gian Piero Milano, autorizó la apertura de las dos tumbas. Desde marzo de 2018, el secretario de Estado Parolin decidió abrir una investigación sobre la desaparición de Emanuela. La reapertura de las tumbas es la primera acción concreta que se conoce de esta decisión que cuenta sin dudas con el apoyo imprescindible del Papa Francisco.

El académico forense profesor Giovanni Arcudi explicó a “Vatican news”, la página de informaciones oficiales del Vaticano, que se examinaran los restos óseos para ser clasificados y datados “y para todos los demás diagnósticos que permitan establecer la edad, el sexo, la estatura”.

Si se encuentran restos humanos que no corresponden a las princesas germanas “titulares” de las tumbas, Sofía von Hohenlohe, que murió en 1836 y Carlota Federica de Mecklenburgo, fallecida en 1840, “el tiempo de la operación se alargaría y podría ser útil la identificación odontología, el estado de los dientes a partir del cual se puede rastrear hasta la edad”, dijo el profesor Arcudi.

El forense afirmó que “para el examen de ADN pueden ser necesarios entre 20 y 60 días porque a veces hay que repetir las pruebas”. A todos los restos se los someterá a la prueba del ADN.

El operativo, en el que estarán presentes autoridades vaticanas, agentes de la Gendarmería vaticana, los abogados de las partes, familiares de Emanuela Orlandi y los operarios encargados de romper y reponer las lápidas, llevará varias horas. Las expectativas son grandes porque si se encontraran allí los restos de Emanuela, el efecto sería como el de una bomba atómica arrojada en el corazón del Vaticano, por los nuevos caminos de investigación que llegaría hasta bien adentro del opaco mundo que se mueve tras los muros leoninos.

Cubriéndose las espaldas, la Santa Sede aclaró que “por razones de carácter jurídico la autoridad investigadora vaticana no tiene jurisdicción para realizar indagaciones sobre la desaparición, ocurrida en Italia, de Emanuela Orlandi". Por lo tanto, la iniciativa vaticana se refiere “solo a determinar la eventual sepultura del cuerpo de Emanuela en el territorio vaticano”.

PB
CLARIN


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