No hay retrato de Dorian Grey para Cristina Fernández - Miguel Wiñazki
La ficción de Cristina eterna se mantuvo vigente hasta que dejó de estarlo. Y esa cosmética artificial que tantos compraron se diluyó lastimosamente en la realidad. La decadencia es impiadosa. Y el tiempo pasa para todos. Aún para los que se quisieron omnipotentes y amados in aeternum.
Es una exhibición siniestra, obscena, oscura y absoluta de Cristina Fernández. Afirmó que un arrepentido que la incriminó con sus dichos ante la justicia fue torturado. Es volver a usar a la Dictadura para mentir sobre pecados propios.
Es profanar la sagrada profundidad del terror real para justificar miserables trapisondas personales.
Es una pasión descontrolada de la ex presidenta. Una extravagancia irresponsable.
Cuesta decirlo, pero todo sugiere un desequilibrio mental.
¿O qué otra cosa es?
Es un delirio. Esas torturas no ocurrieron.
Hay una grave alteración psico política.
Perdió el sentido de realidad.
Escribió Cristina Fernandez en X.
“Ya lo habíamos dicho: en esta opereta judicial de los Cuadernos truchos, a los llamados “arrepentidos” habría que llamarlos “extorsionados…Y la verdad… nos quedamos cortos. Porque ahora vemos que algunos de estos ‘extorsionados’, directamente fueron torturados”
Su contador, Víctor Manzanares, expuso sus estafas en detalle, pero nadie lo torturó. Ni a él ni a ningún arrepentido.
Otra vez ella se ha retratado a sí misma en sus fábulas inventadas.
Cristina Kirchner y su abogado, durante el juicio por los Cuadernos de las Coimas.
Danzante, altisonante, pretendidamente juvenil en sus movimientos, saludando a la militancia, mimetizándose con los jóvenes para la liberación. Pero su autorretrato de Dorian Gray absorbió sus crímenes y pecados, y hoy, aún por Zoom, los millones robados horadan su imagen virtual, pero real.
Un artista pintó los rasgos desafiantes y rozagantes de Dorian Gray. Su pacto con el demonio pretendía que envejeciera su rostro pintado, pero no él. El cuadro estaba escondido.
El secreto de Dorian, el secreto de Cristina Fernández, se desocultaron al fin. El tiempo pasaba, pero en la pintura, no en la realidad. Hasta que en un momento fatídico, todas sus maldades endemoniaron el cuadro, y todas las trapisondas se desplazaron al cuerpo real de Dorian, que envejeció al instante, con todos sus pecados cicatrizando su rostro enteramente.
La ficción de Cristina eterna se mantuvo vigente hasta que dejó de estarlo. Y esa cosmética artificial que tantos compraron se diluyó lastimosamente en la realidad. La decadencia es impiadosa. Y el tiempo pasa para todos. Aún para los que se quisieron omnipotentes y amados in aeternum.
Engrillada en su patético balcón, nuevos tiempos la cercan y encierran. Y ella no sale de su momificación, e insiste. Internada en sus elucubraciones cada vez más solitarias y estrafalarias.
"Los que han dado pruebas de sus estafas fueron torturados", escribió.
Pero las pruebas la incriminan abrumadoramente y sin torturas.
Los tormentos han sido los de los afectados por la corrupción rampante. No hubo padecimiento de los maleantes cleptocráticos cuando se llenaban los bolsillos y aguardaban ansiosos a los peregrinos de las valijas que iban y venían con tesoros ajenos.
El colombófilo Julio de Vido (es experto y adicto a palomas mensajeras) ha quedado otra vez enjaulado en la cárcel, abrumado de justas evidencias de estrafalarios fraudes y saqueos al Estado.
Las palomas mensajeras perdieron la brújula.
Hay un giro copernicano. Todo cambia. Argentina mira al Norte de otro modo y se acaba de sellar un acuerdo arancelario bilateral cuyos resultados habrá que evaluar en el futuro. Las abrumadoras tropas de los Estados Unidos que cercan a Venezuela en el Caribe y que azuzan la agonía del narco régimen de Maduro lanzan un hilo de plata a sus aliados del Cono Sur, comenzando con Javier Milei.
Bolivia a la vez giró a la derecha, Paraguay está gobernado por un liberal, Santiago Peña, y ante las elecciones cabe predecir en Chile un triunfo de la derecha, no necesariamente en la primera vuelta mañana, pero muy probablemente en la segunda vuelta.
Es el ocaso del bolivarianismo dominante durante tanto tiempo.
Los cambios son profundos.
Las mentalidades han mutado hacia un desprecio por los héroes de los panteones del pasado. Chávez y Fidel no convocan desde el fúnebre ornato de sus catafalcos. Ya no peregrinan los dolientes hacia las tumbas y el cementerio bolivariano. Por el momento, al menos, no reanima sus fantasmas inertes y yertos de la historia.
¿Los nuevos faros de la Escuela Austríaca alumbrarán caminos mejores? Ninguna profecía es válida en la historia. Es un error la inmersión en los idilios de la política. No es el amor la moneda de cambio de los liderazgos. Las idolatrías, las antiguas y las presentes, no garantizan sino la excitación fútil, aunque pudiera ser masiva.
Las torturas inventadas por Cristina Fernández respecto de su contador Manzanares extendieron esa pasión por sus insólitas noticias deseadas. Hay una desesperación. Una insanía política con un circo decreciente y arcaico en derredor.
Hay que analizar, más allá de la insanía de la expresidenta, la locura en la que ingresaron tantísimos ciegos que soslayaron durante tanto tiempo la información que la incrimina tan seriamente.
En una ocasión, en un viaje académico, este cronista se encontró con un altísimo funcionario K.
Caminamos unos metros por Central Park.
Le dije: "Aquí enfrente, Daniel Muñoz, en el centro mismo del mundo, compró dos departamentos y por muchos millones de dólares. ¿No es sospechoso al menos?".
El funcionario, sonriente y suficiente —recién había ganado Alberto Fernández en las elecciones—, respondió triunfante: "Ustedes tienen que entender que igual nosotros ganamos las elecciones".
Sonreía el jerarca entonces victorioso.
Los millones de Daniel Muñoz no sancionados electoralmente. Los millones de Cristina Fernández y de los suyos no hirieron el potencial electoral que tuvo Alberto Fernández que nos ha dejado otra joya de su obra poética. Una elegía en éste caso tras la muerte de su perro Dylan:
“Ahora correrás en algún paraíso en el que, seguramente, volveremos a encontrarnos…”
La sociedad argentina plebiscitó la corrupción abierta. La eligieron a Ella y a Muñoz, y antes a Néstor Kirchner, y luego a Alberto Fernández. Festivamente fueron electos.
No fue gratis.
Le compramos el paraíso loco a Dylan y a Alberto.
El hermoso perro ya no existe.
Pero aquí en la tierra argentina, estos inescrupulosos delirantes ya deambulan por los infiernos del Dante.
Entre los avaros y los violentos.
Fuente: Clarín














