Lunes 08 de Diciembre de 2025
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La historia del cuaderno y los cuadernos de Centeno - Miguel Wiñazki

Un chofer enjuto que llevaba y traía dinero desde un oscuro ministerio hasta donde esperaban el presidente y la vicepresidenta que luego fue presidenta, decidió anotarlo todo. Cada detalle en sus cuadernos escolares. Y comenzó a cambiar la historia quizás sin saberlo.

 

Los cuadernos fueron una invención antigua y crucial. En el siglo V antes de Cristo aproximadamente, aparecieron los pugillares: dos tapas de madera portables con tablillas de cera adosadas a cada una. Eran una sustitución práctica frente a los inmensos códices precedentes. Sobre la cera se escribía con punzones o estiletes, anotando las cuestiones cotidianas y de la vida.

Datos administrativos o simplemente detalles para recordar. Los cuadernos recibieron a la escritura y comenzaron a transformarlo todo.

Un chofer enjuto que llevaba y traía dinero desde un oscuro ministerio hasta donde esperaban el presidente y la vicepresidenta que luego fue presidenta, decidió anotarlo todo. Cada detalle en sus cuadernos escolares. Y comenzó a cambiar la historia quizás sin saberlo.

La caída de los “invencibles” se enhebraba en las prolijas palabras del chofer.

Más tarde, primero desde China y luego desde Bagdad, el papel se introdujo progresivamente en Europa, sustituyendo a los papiros y pergaminos, soportes voluminosos que dificultaban la escritura. Así, la escritura se agilizó y se perfeccionó el sistema de anotaciones. Comenzaron a diseñarse plumas y tintas.

La caligrafía configuró la documentación histórica.

El chofer lleva bolsos llenos de dólares de un sitio a otro, miles y miles de dólares.

La letra sobre el papel del cuaderno. Las largas esperas. La extraordinaria decisión de escribirlo todo. Los inescrupulosos y entonces impunes no lo advirtieron, pero alguien estaba escribiendo la historia.

La letra en birome, la descripción minuciosa de horas y hasta minutos. Los sitios embrujados de corrupción, los beneficiarios, todo en cuadernos impensados y pensados por el chofer que escribía.

Anotadores y cuadernos Gloria.

Gloria.

Los cuadernos se convirtieron en extensiones de la memoria social. La escritura tiene una larga prehistoria. Mucho antes de los pugillares, miles de años antes de Cristo, las primeras anotaciones eran inscripciones cinceladas en piedra. La escritura cuneiforme. Eran registros contables, números que indicaban cantidad de ganado, bienes, el debe y el haber grabados como arañazos tallados.

Los cuadernos comenzaron en piedra, continuaron en cera, luego en papiros, después en pergaminos, prosiguieron como pugillares portables y finalmente en papel. Y se propagaron cada vez más.

En el siglo XIII, el emperador Federico II del Sacro Imperio Romano Germánico prohibió el papel en documentos oficiales por considerarlo menos duradero que el pergamino. Sin embargo, no se puede descartar que lo haya prohibido también porque el papel dificultaba el control y la censura de lo escrito.

El control de la escritura se circunscribía en general en los monasterios, donde los clérigos pedagógicos pronunciaban la “dictatio”, la interpretación oficial, ceremonial y aprobada de las sagradas escrituras. Los seminaristas escribían al margen de sus Biblias la glosa, la exégesis consagrada de cada fragmento.

La portabilidad de los cuadernos desplazó el monopolio de la escritura desde los monasterios a cada pluma y cada página.

Durante el Renacimiento, los cuadernos florecieron.

En 1661, el francés Nicolás Fouquet, superintendente de finanzas del Rey Sol, Luis XIV, robaba y encubría sus saqueos. Un escriba, Jean Baptiste Colbert, documentó en cuadernos todos los detalles que incriminaban a Fouquet, quien perdió su cargo y su fortuna mal habida. Así, los cuadernos adquirieron valor legal y probatorio.

Leonardo da Vinci dejó al menos trece mil páginas manuscritas con anotaciones, ilustraciones y esquemas de sus inventos. También escribía recetas de cocina. Su escritura personal es un documento inalterable del incomparable brillo de su genio.

El hombre va en auto desde el ministerio de Planificación, a veces acompañado de un subalterno valijero corrupto, y luego espera horas, anotando todo.

Escribiendo la denuncia antes de la denuncia misma.

Nadie sospechaba que un chofer podía convertirse en un testigo clave. Los cuadernos iniciaron un largo camino.

El opulento Ministerio de Planificación no planificó la letra chica del chofer que lo vio y lo anotó todo.

No encerraron las palabras.

Las palabras atraviesan las paredes.

Cuadernos materiales, escolares, no digitales, letra en birome, detalles que contienen pruebas irrefutables.

El chofer cuando espera no espera. Escribe y describe. Transparenta. Muestra y demuestra. Sin pontificaciones ni adjetivos.

Ve. Maneja. Aguarda. Es un mensajero solitario hacia el futuro .

A fines del siglo XIX, los cuadernos llegaron a las aulas. En Francia, los "cahiers d'école" se convirtieron en instrumento obligatorio para que los alumnos escribieran lo aprendido, perfeccionando su caligrafía y documentando sus conocimientos. El proceso de alfabetización se expandió y se convirtió en una revolución universal.

El cuaderno se reveló como un arma-inerme, testimonio de la lectoescritura infantil que devendría en la adulta. Espacio de números, ecuaciones y de saber general.

La unión de la escuela y el cuaderno es posiblemente la revolución más significativa de la historia contemporánea.

El chofer que escribe observa al ministro, los valijeros, empresarios, al presidente y a la vicepresidenta, su secretario, los millones: la bitácora perfecta.

Los más poderosos se hundieron por los textos menos pensados.

Es que no piensan.

Roban.

Los corrompidos no sabían que sus huellas quedarían registradas y que los cuadernos seguirían su camino.

En el siglo XX, a comienzos de siglo, un australiano, J.A. Birchal, perfeccionó los cuadernos, que se volvieron más maleables, pegando páginas sobre cartulinas que las sostenían. Las tapas se hicieron progresivamente mas duras, protegiendo mejor los papeles. Los primeros cuadernos modernos estaban cosidos, y luego surgieron los espirales.

El mundo se volvió un mundo escrito en cuadernos. Escritores, científicos y muchos más los usan para diarios, notas y registros permanentes.

El chofer no escatima detalles ni paciencia. Sus esperas no fueron en vano. Sus cuadernos llegaron a un periodista; Diego Cabot, y de allí a la justicia.

En la era de Internet, la escritura digital debe mucho a los cuadernos, al papel y a la tinta, a los manuscritos y al periodismo tradicional.

El chofer Oscar Centeno, con sus prolijos y precisos escritos, sentó en el banquillo a la otrora omnipotente Cristina Fernández Kirchner, acusada de ser la jefa de una inmensa asociación ilícita.

Sin los cuadernos de Centeno, muchas mentiras prevalecerían.

Ahora, la verdad alumbra.

La historia lo prueba una y otra vez: es un gran error subestimar a los cuadernos.

Fuente: Clarín

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