Viernes 21 de Junio de 2024
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Qué cambió con Javier Milei y los errores de sus enemigos políticos

  • Cuáles son las consecuencias de un mandatario que se desentiende de algunos temas de gestión..
  • El peor momento de la izquierda.

Walter Schmidt

WALTER
SCHMIDT

 

 

A seis meses de Gobierno libertario, podría afirmarse que el orden político cambió"Antes se ordenaba entre kirchnerismo y antikirchnerismo, desde la resolución 125 para acá. Hoy la lógica es Milei-anti Milei", parafrasea Juan Manuel Olmos, un experimentado dirigente peronista, ex funcionario kirchnerista.

Milei es el primero en muchos aspectos. No sólo en llegar al poder sin estructura, en no tener un partido o coalición detrás y en ser el primer economista que llega a la Casa Rosada. Podría afirmarse que es el primer Presidente que no es empático ni busca construir o simular una empatía con los ciudadanos. Lo suyo son los números.

Yo no tengo por qué lidiar con las emociones, yo hablo de números y de realidad. Una persona tiene un Lamborghini, ¿Cuáles son sus emociones? No lo sé. Porque probablemente si está en un lugar muy pobre se sienta muy bien; pero si vive donde todos tienen 15 Lamborghini, ¡Se siente miserable! Entonces, no puedo lidiar con las emociones”, es el ejemplo que utilizó Javier Milei para responder a una pregunta de una periodista de un medio estadounidense, sobre quienes padecen el ajuste de sus bolsillos.

Un miembro del círculo rojo, del segmento de empresarios y banqueros, reflexiona que “Milei no descentraliza la gestión, más bien se desentiende de todo lo que no sean temas económicos”. Una realidad que, avalada por los propios funcionarios, alimenta la crisis que atraviesa al Gobierno con el mega ministerio Capital Humano: cuando un Presidente se desentiende del resto de la gestión, requiere el contrapeso de ministros con experiencia y con manejo de la administración pública. Sandra Pettovello no los tiene.

Asunción presidencial. De Javier Milei el 10 de diciembre de 2023. Foto: Juano TesoneAsunción presidencial. De Javier Milei el 10 de diciembre de 2023. Foto: Juano Tesone

Esa área concentra dos denuncias contra piqueteros y un funcionario despedido -Pablo de la Torre- por contratos irregulares; casi 40 funcionarios renunciados, algunos porque era necesario un fusible y otros que aún no saben por qué; una denuncia en su contra por retener alimentos sin que aún se sepa qué pasó y quién es el responsable; y más problemas de gestión a partir de un informe de La Nación que dice que se habría concretado en febrero un acuerdo con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para la compra de $14.000 millones en alimentos, y cuatro meses después no se compró nada.

Esa inexperiencia en la gestión, es acompañada por la falta de abordaje de otras problemáticas, más allá de la inflación y los despidos. No se avanzó en programas de capacitación para que el millón y medio de planes sociales se transforme, en buena medida, en puestos de trabajo formal.

Tampoco en un paquete legislativo para combatir la inseguridad, sino más bien una propuesta para la baja de imputabilidad de los menores y una tibia presencia en la Ley Ómnibus para evitar los cortes de calles. Ningún plan integral de prevención y represión del delito. El último funcionario que presentó un plan integral contra el delito, que nunca se puso en práctica, fue Gustavo Beliz en 2005.

Mucho menos una reforma educativa que saqué al país de una decadencia en el aprendizaje en el que 7 de cada 10 alumnos no logra los niveles mínimos de conocimiento en matemáticas. Está bien que Milei busque asociarse a Mark Zuckerberg para aplicar la Inteligencia Artificial en las escuelas; antes los chicos deberían saber leer y sumar.

Está claro, como suele replicarse en los despachos de la Casa Rosada, que “del otro lado no hay nada”. Al fracaso kirchnerista luego de uno de los peores gobiernos de la historia se añade el peor momento de la izquierda vernácula. No sólo porque hay un Presidente que detesta al socialismo, al que ha calificado como “el cáncer de la humanidad”.

Myriam Bregman. Diputada del Frente de Izquierda. Foto: Juano TesoneMyriam Bregman. Diputada del Frente de Izquierda. Foto: Juano Tesone

Desde la izquierda se ha reconocido que recibían aportes de los beneficiarios de planes sociales que les permitía recaudar decenas de millones de pesos mensuales. Pero no es cierto que hayan sido donaciones voluntarias. Los punteros territoriales, que manejaban 50 o 60 beneficiarios de planes, lo exigían y llevaban la contabilidad bajo amenaza de quitarles el plan a los que no “donaban”. ¿Cómo? Los dirigentes administraban los certificados de asistencia que debían usarse para controlar que se cumpliera la contraprestación -ayudar en un comedor o escuela-, pero los utilizaban para obligarlos a ir a las marchas. De lo contrario, hacían caer el plan. Hasta los obligaban a asistir a “charlas políticas”. “Nos hacían pasar al frente y hablar, opinar, y si veían que alguien tenía facilidad, le daban otras tareas. A mi me daba mucha vergüenza”, confiesa una beneficiaria de un plan que asistió a estos encuentros.

Todo ese manejo que ha alimentado las denuncias de Capital Humano, mas el descrédito ante la sociedad por la connivencia con el kirchnerismo, convirtieron a la izquierda en funcional al Gobierno.

Durante la votación sobre la modificación de la fórmula jubilatoria, un proyecto presentado por el radicalismo, con apoyo del bloque de Miguel Pichetto y de Unión por la Patria, los diputados de izquierda tuvieron una reacción impensada. Pese a que el proyecto establecía una mejora de los jubilados -aún a costa del erario-, Myriam Bregman, Nicolás del Caño, Christian Castillo, Romina del Plá y Alejandro Vilca se abstuvieron porque reclamaban una “verdadera recomposición de haberes”.

No es casual que en las últimas seis elecciones presidenciales la izquierda nunca superó el 3% de los votos, salvo en el 2015 que llegó a 3,23%. Entre las propuestas de su candidata presidencial, Bregman, figuraban la ruptura con el FMI; la nacionalización de bancos, comercio exterior, minería, agro y laboratorios; expropiar los grandes pooles de siembra, cerealeros, aceiteros, lecheros y frigoríficos; elección popular de jueces y fiscales; derogación del IVA; y el apoyo a Palestina y Cuba.

Las ideas desfasadas en el tiempo que generan un número marginal de votos y las posturas que parecen más funcionales a la concepción de la política como un negocio, hacen vislumbrar que no es el objetivo de la izquierda llegar a gobernar una provincia o un país. Ni reformular un sistema político y económico como lo está haciendo Milei, en el otro extremo.

El crecimiento de la derecha en Europa en detrimento del socialismo y de los partidos de centro no es un fenómeno de un lugar lejano. A seis meses del gobierno de Javier Milei, no sólo hay sectores de la política que siguen preguntándose por qué ganó sino que continúan recurriendo a las mismas herramientas y los mismos discursos que los llevaron a la debacle.

 

Fuentes: Clarín.

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