Martes 23 de Julio de 2024
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El futuro del kirchnerismo y La Cámpora, una incógnita tras la derrota de Massa de cara a la reconfiguración del PJ

Cristina Kirchner se había preservado en la campaña y el ministro de Economía aspiraba a conducir el partido. La tensión entre Máximo Kirchner y Axel Kicillof

Federico Mayol

Por Federico Mayol

La seria advertencia que Graciela Camaño, una dirigente profesional que conoce a Sergio Massa desde la juventud, había lanzado en la noche del último debate no tendrá oportunidad de ser corroborada. “Elíjanlo, y en una de esas les da la sorpresa y saca a los ñoquis de La Cámpora”, había dicho la diputada por televisión el pasado fin de semana.

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Es difícil de creer que una dirigente avezada como Camaño haya tirado esa frase sin el consentimiento de Massa. ¿Pudo haber sido parte de la estrategia desplegada por el candidato, dedicada a desmarcarse por completo del kirchnerismo, aún cuando eso implicara volver a remover aquellas viejas heridas del 2015 cuando el ex intendente de Tigre formuló esa promesa en el estadio de Vélez, en el cierre de campaña?

Pudo haber sido. También el latiguillo que el ministro de Economía utilizó durante el debate, mano a mano con Javier Milei: “Ellos ya tuvieron su oportunidad, ahora es vos o yo”, tiró, y mencionó a Cristina Kirchner y a Mauricio Macri. Los dos en el mismo plano, por igual.

En la campaña presidencial del 2015, de visita a Buenos Aires, Lula da Silva -tres años después caería preso tras un proceso judicial plagado de irregularidades- le dio a Daniel Scioli el siguiente consejo en la previa del balotaje, en una habitación de un hotel situado sobre la avenida Alvear: “Daniel, si para ganar te sirve decir que soy un corrupto, hacelo”.

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En el massismo aseguran que la decisión de Cristina Kirchner, de su hijo Máximo y de los principales referentes de ese sector de mantenerse al margen de la campaña fue premeditada y coordinada entre el candidato y la ex presidenta, y que se definió después que toda la centralidad recayera pura y exclusivamente sobre la figura del ex intendente de Tigre. Así fue.

Cristina Kirchner y Sergio Massa en una de las pocas veces que se mostraron juntos en campaña

Cristina Kirchner y Sergio Massa en una de las pocas veces que se mostraron juntos en campaña

Esta noche, de todos modos, la derrota fue compartida sobre el escenario.

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El ministro ya le había avisado a la Vicepresidenta, antes del 2019, en el proceso de reconciliación, que su objetivo a largo plazo era convertirse en el nuevo jefe del peronismo. Lo reveló Malena Galmarini en el inicio de la campaña, en una entrevista con Diego Iglesias en este medio. “Fue parte del acuerdo cuando se armó la coalición. Sergio volvió y le dijo a Cristina: ‘yo soy mi propio jefe’, y Cristina lo entendió. Todos aprendimos de estos años y todos crecimos, todos maduramos”, resaltó la titular de AySA.

La contundente derrota de Massa -al cierre de esta edición, con casi el 90% del padrón escrutado, Milei le sacaba más de 10 puntos porcentuales y el peronismo solo había ganado en Buenos Aires, Formosa y Santiago del Estero- tiró por la borda todos sus planes: “Hoy termina una etapa en mi vida política, que vengan las nuevas generaciones”, adelantó anoche en el escenario del complejo C, acompañado, a diferencia del festejo de octubre, cuando se presentó solo y apenas acompañado por su familia y su compañero de fórmula, por una docena de dirigentes, entre ellos Máximo Kirchner, Juan Manuel Olmos, Cecilia Moreau, Eduardo “Wado” de Pedro, Andrés Larroque y Axel Kicillof.

Ya es historia vieja qué hubiera sido del kirchnerismo, de CFK y de La Cámpora si Massa ganaba el balotaje. “Hoy todo el peronismo está ordenado para ganar. Todas las discusiones, internas y malestares serán a partir del 20. Hoy cada uno está haciendo lo que tiene que hacer”, había subrayado el sábado a este medio un intendente de la primera sección electoral que habla tanto con Massa como con Máximo Kirchner.

Ahora, frente a lo desconocido de una administración de La Libertad Avanza, el kirchnerismo deberá resolver cómo se reinventa y qué peso tendrá en el universo de la resistencia peronista. Si el ministro de Economía, y en especial parte de su entorno, fantaseaba con licuar el poder de ese sector, el triunfo de Milei abre desde este domingo un escenario inquietante para el kirchnerismo.

Axel Kicillof será clave en el peronismo (EFE)

Axel Kicillof será clave en el peronismo (EFE)

En ese contexto, ¿qué rol tendrá la ex presidenta, preocupada por el avance de la Justicia? Ya había revelado, de manera pública y privada, que era necesario un recambio generacional, como también pidió Massa en el búnker de Chacarita.

Por lo pronto, esta semana tiene previsto viajar a Italia, invitada por una universidad de Nápoles. ¿Se preservó públicamente para no ser arrastrada por una eventual derrota del peronismo? ¿Para eso desactivó la candidatura de De Pedro, en las 24 horas de negociaciones que terminaron con la postulación del ministro? En el kirchnerismo juran que no.

El futuro de La Cámpora es, en ese sentido, igual de inquietante. Porque con la derrota peronista, y la jefatura del PJ acéfala -era el sillón al que aspiraba Massa-, se revaloriza desde estas horas la figura del gobernador bonaerense, que consiguió en octubre ser reelecto por amplísimo margen.

Kicillof tendrá que lidiar con Milei. En estos cuatro años de gestión, contó con una jugosa colaboración financiera por parte de Alberto Fernández, que le sirvió para surfear la crisis. Se presume que esa inyección de fondos ya no será tal con el flamante presidente electo.

El vínculo entre Kicillof y el jefe de La Cámpora es malo. Los recelos son históricos, pero cuando el kirchnerismo le intervino el gabinete con el desembarco de Martín Insaurralde -Kicillof tuvo que correr de la Jefatura de Gabinete a “Carli” Bianco, uno de sus colaboradores más estrechos-, la relación terminó por estropearse.

Según trascendió en su momento, Kirchner había prometido a Insaurralde trabajar para tratar de forzar su candidato a gobernador en estas elecciones. Kicillof resistió la embestida, que incluyó insistentes operaciones mediáticas y políticas hasta el mismísimo momento del cierre de listas. La confección del gabinete bonaerense, prevista para estas semanas, exhibirá la tensión de esa relación.

Martin Insaurralde junto a Sofia Clerici en Marbella

Martin Insaurralde junto a Sofia Clerici en Marbella

Máximo Kirchner atraviesa un presente turbulento. Las esquirlas del escándalo por el viaje a la costa del sol española que Insaurralde realizó en medio de la campaña -al igual que en las generales de octubre, tampoco se presentó a votar en este balotaje-, lastimaron el liderazgo bonaerense del diputado. Se había asociado al ex intendente de Lomas de Zamora en su incursión en la Provincia para llegar a la jefatura del PJ. La megacausa de espionaje que estalló estas últimas semanas, que dañó la reputación de la agrupación, hirió aún más al jefe camporista.

La organización ya arrastraba un serio proceso de reconfiguración y debate interno. Larroque, uno de los cuadros más emblemáticos, renunció a la secretaría general y se recostó en su propia agrupación, La Patria es el Otro. Anoche, sobre el escenario del C, se paró pegado a Kicillof. “Wado” de Pedro también buscó en los últimos tiempos darle una nueva impronta a su proyecto que estuvo a punto de coronar con su fallida candidatura presidencial.

Con Massa derrotado, afuera del escenario político por un buen rato, la tensión entre La Cámpora y Kicillof será materia de análisis permanente en la provincia de Buenos Aires. En ese distrito, la organización K se expandió en estas elecciones en el Gran Buenos Aires: retuvieron Quilmes y Mercedes, y sumaron Hurlingham, Lanús y Brandsen. También Azul, Bahía Blanca y Olavarría, entre otros, en el interior provincial. Y un grupo de legisladores, nacionales y provinciales, que el kirchnerismo buscó asegurarse cuando se confeccionaron las listas.

Kicillof contaba con Massa como socio para los tiempos que vienen. La derrota peronista, tan dura como inesperada por su contundencia, abre ahora un escenario demasiado incierto. La única certeza es que ya nada será igual. También vale para el kirchnerismo.

 

Fuente: Infobae

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