Viernes 21 de Junio de 2024
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¿Qué futuro queremos para Argentina?

Milei, Bullrich y Massa. Tres nombres, tres visiones y una decisión

Jorge  Grispo

Por Jorge Grispo

En medio de las Montañas Solitarias, Bilbo Bolsón, el protagonista de El Hobbit, se encontró cara a cara con una criatura llamada Gollum, cuya mente estaba consumida por el poder de un simple anillo. En aquella oscura caverna, un juego de adivinanzas entre los dos decidiría el destino de Bilbo. Aunque esta historia pueda parecer lejana y fantástica, Argentina se encuentra en un escenario similar: un juego de destinos en el que cada elección es una adivinanza sobre el futuro del país.

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Nuestro “anillo” es la elección presidencial que se avecina, y los candidatos son las adivinanzas que la nación debe descifrar. ¿Cuál es la respuesta correcta? ¿Qué elección nos guiará fuera de la caverna y hacia un futuro “mejor”? Mientras que Bilbo tenía el lujo de tener tiempo para pensar, en Argentina se cuentan los días. El tiempo apremia.

La reciente revelación sobre la inflación, que alcanzó un inquietante 12,4% para agosto, no es solo una simple estadística: es un espejo que refleja dos realidades profundamente arraigadas en la cotidianidad de los argentinos. Primero, y sin lugar a dudas, marca el más rotundo fracaso del actual gobierno del presidente que no preside, Alberto Fernández. Este presidente, quien en un momento confesó abiertamente no tener un plan de gobierno – argumentando su descreencia en ellos –, ahora enfrenta las consecuencias de su descuido. Las cifras hablan por sí solas y el panorama económico grita su desacuerdo.

Sin embargo, hay un segundo aspecto, aún más preocupante, que se devela ante nosotros. Los argentinos, poco a poco, nos estamos convirtiendo en protagonistas de la parábola de la rana en el agua hirviendo. Cocidos lentamente, sin darnos cuenta de la gradualidad del calvario, nos hemos transformado en una sociedad silente, resignada ante la mala praxis de nuestros líderes. Nos estamos sumergiendo en una pasividad que nos paraliza, que nos impide alzar la voz frente a las adversidades.

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Es verdad que las recientes PASO ofrecieron un atisbo de reacción. El emergente Javier Milei, al convertirse en el candidato presidencial más votado, representó un susurro colectivo, un grito silente de una sociedad hambrienta de cambio. Pero, ¿es suficiente? Con este telón de fondo, nos enfrentamos a un futuro incierto, en el que tres candidatos buscan ocupar el sillón de Rivadavia. Es crucial que, como sociedad, analicemos profundamente a quienes pretenden guiarnos y decidamos nuestro futuro con ojos abiertos y corazones valientes.

Javier Milei

Javier Milei

La cotidianeidad argentina se ve atravesada por un dato estremecedor: nos encaminamos hacia una inflación anual cercana al 200 por ciento. Esta cifra nos posiciona lamentablemente en el indeseable podio de los países con mayor inflación del mundo. Una tragedia económica que resuena con fuerza en los bolsillos y en la calidad de vida de cada ciudadano.

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Dicha situación nos empuja a una reflexión profunda: ¿cómo nos convertimos en una sociedad que, en cierto modo, parece haber normalizado el fracaso económico? Las elecciones recientes nos muestran un panorama disperso. Un tercio del electorado respalda el modelo actual, otro tercio prefiere el camino propuesto por Juntos por el Cambio, mientras que el último tercio se inclina por una alternativa aún no probada en el ámbito gubernamental. Esta división no es simplemente un reflejo de preferencias políticas, sino que subyace una cuestión mucho más profunda: ¿cuál es el modelo de país que anhelamos para el futuro? La decisión no radica simplemente en elegir a un candidato, sino en determinar el rumbo que queremos para Argentina.

En medio de esta encrucijada electoral, la reaparición de Luis Barrionuevo cercano a Milei genera murmullos y especulaciones. De concretarse esta alianza, no hay duda de que el libertario contaría con un robusto aparato de control en las mesas electorales de cara al 22 de octubre. Pero, ¿y si detrás de Barrionuevo se esconde una jugada maestra del peronismo, donde también tiene su peso la fuerte grieta que divide al gremio de los gastronómicos?

El escenario es incierto y, quizás, lleno de sorpresas. Lo que es seguro es que el destino de la nación está en juego. Y mientras aguardamos el desenlace, una cosa es segura: la respuesta no solo se hallará en las urnas, sino en el compromiso y la determinación de una sociedad que ansía superar los desafíos y construir un futuro próspero.

Milei, Bullrich, y Massa. Tres nombres, tres visiones y una decisión. Los 35 días que nos separan del veredicto final parecen ser un suspiro, pero en la política, donde cada día es una eternidad, 35 días pueden cambiarlo todo.

¿Qué pasa con los indecisos? Aquellos que todavía no encuentran una respuesta a su adivinanza. Esos votos, como el anillo de Bilbo, tienen el poder de cambiar el curso de la historia. Por un lado, está el populismo, profundamente arraigado en el corazón de muchos argentinos; por el otro, un modelo más moderado que busca un equilibrio; y finalmente, una propuesta más extrema que, para algunos, es el grito de desesperación de una sociedad cansada de más de lo mismo.

La elección no es sencilla. Como Bilbo, nos enfrentamos a una adivinanza que podría costarnos todo. El futuro de nuestra patria está en juego. La caída del peronismo en Santa Fe nos muestra que la nación anhela un cambio. Pero, ¿cuál es ese cambio? ¿Hacia dónde nos dirigimos? Al igual que Bilbo, debemos ser astutos, valientes y tomar decisiones basadas en lo que es mejor para todos, no solo para unos pocos. La Argentina que emerge después del 22 de octubre dependerá de las decisiones que tomemos como nación.

La verdadera pregunta no es ¿qué candidato? Sino más bien, ¿qué futuro queremos para Argentina? A medida que el reloj avanza y nos acercamos a ese día crucial, solo podemos esperar que encontremos la respuesta correcta antes de que se acabe el tiempo. Porque, al final del día, no es solo un voto. Es el destino de una nación. Y, al igual que el anillo, tiene el poder de cambiarlo todo.

 

Fuente: Infobae

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