Sábado 22 de Junio de 2024
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¿Podrá Macri pedirle a Larreta que se baje?: hasta dónde puede avanzar el quiebre en Juntos por el Cambio

La crisis hace crujir la unidad en la oposición. El jefe de la Ciudad pone en juego su rol de conductor y el ex presidente no quiere ser espectador de la pelea que mutó de rivales a enemigos.

Eduardo van der Kooy

Eduardo van der Kooy

Juntos por el Cambio está produciendo un hecho excepcional en la política argentina. A cinco meses de la elección presidencial asoma sumergida en una vorágine de crisis difícil de comprender si se acepta que, aún con la irrupción del diputado libertario Javier Milei, figura como la coalición con mayores posibilidades de reemplazar en diciembre al gobierno de Alberto y Cristina Fernández.

Dicha crisis desnudaría, ante todo, que el valor de la unidad meneado estos años se afincó antes en la necesidad de resistir al kirchnerismo que en verdaderas estrategias y convicciones comunes para abordar el futuro. Lo más curioso es que la resolución de controversias se deja para los minutos finales. ¿Se debe ampliar o no la coalición?

¿Puede hacerse hacia la derecha, cerca de las comarcas de Milei? ¿O acordando con los peronistas que el sectarismo kirchneristas se encargó este tiempo de dejar en la banquina? Se trata de discusiones vertebrales que recién salieron a la luz cuando empezaron a perfilarse los candidatos para pelear por la presidencia.

Análisis político de Eduardo Van der Kooy.

Algo más. Los dirigentes de Juntos por el Cambio, rehuyendo siempre las precisiones, se ocuparon de garantizar que los economistas de la coalición tendrían un claro diagnóstico sobre la realidad económico-social. También noción de los caminos posibles de ser transitados en la búsqueda de alguna salida.

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​Pregunta: ¿tales programas servirían de la misma manera para una supuesta unidad con libertarios que con peronistas? Sobresalen las incongruencias. Quizás exista también en la oposición -al estilo K- una narrativa superadora de aquello que acontece como realidad.

La propuesta de Horacio Rodríguez Larreta de proponer incorporar a Juntos al gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, expuso la consistencia fofa y las cuentas pendientes personales y colectivas que subsisten en la coalición opositora. El parcelamiento político resultó casi automático. El jefe de la Ciudad quedó acompañado por Gerardo Morales, titular de la UCR, Elisa Carrió, Martín Lousteau, candidato a la intendencia porteña, Miguel Pichetto y una franja de su propio partido, el PRO. Desde el otro campamento, con Mauricio Macri y Patricia Bullrich a la cabeza, salieron a cuestionarlo con fuego. Incluso un grueso de la dirigencia radical y sectores también representativos del macrismo.

Nunca como ahora, en los últimos años, fue posible advertir un clima de crispación tan ostensible en Juntos por el Cambio. La posibilidad de una ruptura sobrevuela como un fantasma. El mejor antídoto, sin embargo, estaría en la propia fragmentación causada por la audacia de Rodríguez Larreta. Aquella hipotética ruptura dejaría a ambos bandos casi sin posibilidades de poder. A merced de los desafíos de Milei (“si Bullrich quiere, que venga”, repiten en La Libertad Avanza) o también de los milagros de resurrección que el kirchnerismo jamás termina de abandonar. La inmolación de Juntos por el Cambio, en tal caso, encajaría en la extravagancia que suele caracterizar a la política argentina.

En medio de la movida de Larreta con Schiaretti,  Macri se mostró con Luis Juez en Córdoba. Foto: Captura

En medio de la movida de Larreta con Schiaretti, Macri se mostró con Luis Juez en Córdoba. Foto: Captura

El Jefe de la Ciudad ha repetido siempre que para enfrentar la gravísima crisis que dejará el gobierno kirchnerista hará falta, al menos. Su movimiento ha sido coherente con sus dichos. Lo incompresible sería la oportunidad. A dos semanas del cierre de las listas para oficializar alianzas. Con un colaborador, el gobernador Schiaretti, a quien Juntos por el Cambio busca destronar para poner fin a una dinastía que el cordobés compartió con el fallecido José Manuel de la Sota.

Se trata de un debate interno que, seguramente, debió plantearse con mucha mayor antelación. Otro desatino envuelve la ejecución de la maniobra: Rodríguez Larreta apoya en Córdoba la candidatura de Luis Juez, viejo adversario de Schiaretti. La novedad tomó estado público, por otra parte, casi en simultáneo con la fuerte derrota que el peronismo de Córdoba sufrió el domingo último en elecciones municipales a manos de Juntos por el Cambio. Cayeron, entre varios, bastiones pejotistas como La Calera, Anisacate y Santa Rosa.

La crisis en pleno desarrollo no parece haber modificado hasta ahora la posición de Rodríguez Larreta. Como nunca, Mauricio Macri se ocupó de encararlo públicamente. Lo anticipó Bullrich cuando denunció que el Jefe de la Ciudad había “arrojado una bomba”. El ex presidente, que alguna vez dijo estar “desilusionado” con su discípulo, expresó desde Córdoba que “no entiende sus decisiones”. Lo acusó de “inconsulto”. Y otras yerbas. Con Juez de espectador.

Tampoco se trata del primer conflicto entre ellos. La antesala ocurrió cuando el ingeniero reclamó a su primo, Jorge Macri, como candidato único del PRO para la Ciudad. Larreta decidió sacar a la competencia a Soledad Acuña, la ministro de Educación, y Fernán Quirós, a cargo de Salud, reconocido por su labor durante la pandemia. El alcalde tampoco hizo nada para evitar la postulación de Lousteau, amparada por sectores radicales. Finalmente Acuña declinó y Quirós aceptó un mecanismo de encuestas para que el ex intendente de Vicente López sea postulante solitario del PRO.

Ese episodio y el nuevo de Schiaretti estarían disimulando, tal vez, otra cosa. La intención de Larreta de imponer su propia conducción que, hasta su apartamiento electoral, le correspondió indiscutidamente a Macri. También en este caso los tiempos elegidos pueden resultar objetables.

Jorge Macri y Patricia Bullrich. El primo del ex presidente será candidato único en la Ciudad.

Jorge Macri y Patricia Bullrich. El primo del ex presidente será candidato único en la Ciudad.

El ingeniero confesó al dar su paso electoral al costado que le había ganado una pulseada a su ego. Los últimos movimientos de Rodríguez Larreta habrían invertido esa relación de fuerzas. El ex presidente no se resigna a observar desde una platea la definición de las candidaturas de Juntos por el Cambio. Menos si percibe que en algún momento podría quedar girando en el vacío.

Hace algunas semanas el ex precandidato a gobernador de Buenos Aires, Joaquín de la Torre, aliado de Bullrich, exigió que “Larreta se baje y se deje de joder”. Por única vez el Jefe de la Ciudad salió a replicarle. Nadie sabe si su exabrupto resultó un gesto individual o espoleado desde algunos sectores importantes del PRO. Que incluirían, por supuesto, a la dama candidata. Cuyo perfil estético y verbal va mutando. Larreta se ha convertido de rival en enemigo. Mal síntoma quizás para que los votos de ambos confluyan en las elecciones generales. 

Aquel episodio pasó. Aunque volvió a merodear la visita de ayer de Macri a Córdoba. En un universo opositor provincial enrarecido por la apuesta de Rodríguez Larreta con Schiaretti, la bravuconada del ex intendente de San Miguel se escuchó con recurrencia. ¿“Podrá finalmente Macri, si la crisis se profundiza, pedirle a Horacio que se baje”?, interpelaban dirigentes macristas y radicales. Muy difícil. Improbable. Sería la señal de un naufragio anticipado.

 

Fuente: Clarin

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