Viernes 21 de Junio de 2024
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La gran electora condenada a administrar la escasez

La vicepresidenta ratificó su liderazgo, pero no diluyó ciertas dudas de que pueda dominar a todo el peronismo, después de un acto en el que faltaron muchos gobernadores y sindicalistas

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Fernando Laborda

Cristina Kirchner propuso un nuevo viaje al pasado, durante un acto donde lo simbólico pareció más relevante que el contenido de un discurso sin mayores novedades, en el que, una vez más, pretendió que se olvide que el kirchnerismo gobernó 16 de los últimos 20 años.

Para el kirchnerismo la política no es otra cosa que una pugna entre discursos hegemónicos y, en función de las enseñanzas que su actual líder ha tomado del fallecido filósofo y politólogo Ernesto Laclau, el avance hacia cualquier proyecto revolucionario supone necesariamente dividir a la sociedad. En su mensaje de ayer en la Plaza de Mayo, Cristina Kirchner volvió a encontrar tres chivos expiatorios de sus fracasos. A los medios de comunicación los responsabilizó de tapar los presuntos éxitos económicos de las sucesivas gestiones gubernamentales kirchneristas; al FMI le endilgó la culpa de la mayoría de las penurias socioeconómicas, y a los miembros de la Corte Suprema de Justicia, a quienes tildó de “verdadero mamarracho indigno”, les atribuyó el hecho de que no pueda ser candidata presidencial.

En cada una de sus intervenciones, la vicepresidenta trata de afinar el falaz relato de la “proscripción”. En esta ocasión, se jactó de que durante su gestión presidencial los salarios y las jubilaciones eran, medidas en dólares, las mejores de América Latina. Dio a entender que, a lo largo de los cuatro años de Mauricio Macri, eso cambió y que el mayor problema que se enfrenta hoy no es otro que la distribución del ingreso. La conclusión de su relato es tan simplificadora como absurda: “Para distribuir bien hay que poner carita fea. Por eso me proscriben”.

Respecto del FMI, al que días atrás había responsabilizado por la galopante inflación, el economista Fernando Marull aportó, de manera didáctica, una serie de datos que desmienten a la vicepresidenta. Frente a quienes dicen que faltan dólares debido a la deuda contraída con el organismo financiero internacional, el analista económico señaló que, desde diciembre de 2019 hasta hoy, los pagos netos al Fondo Monetario fueron de apenas 825 millones de dólares, al tiempo que en el mismo período ingresaron unos 110 mil millones de dólares del agro y, aun así, las reservas netas del Banco Central cayeron en 13.500 millones de dólares.

Tras el nuevo ataque contra la Corte Suprema, Cristina Kirchner fue más allá al insistir en la necesidad de un “rediseño institucional” para avanzar hacia la elección popular de los jueces. Calificó al actual Poder Judicial como una “rémora monárquica”, en virtud de la cual los magistrados “son designados de por vida, no rinden cuentas a nadie, no se saben sus declaraciones juradas ni dónde viven”. Tal vez la vicepresidenta olvidó que la sociedad tampoco conoce a ciencia cierta cuánto percibe ella mensualmente por sus dos beneficios jubilatorios de privilegio, estimados en varios millones de pesos –alrededor de cien jubilaciones mínimas–, porque la Anses se ha resistido a hacer público ese monto.

El capítulo de la reforma judicial podría abrir algún frente de conflicto de cara a la cuestión de la definición de la candidatura presidencial de la coalición gobernante. Es preciso recordar, en tal sentido, que Sergio Massa fue muy crítico del llamado proyecto de democratización de la Justicia que había impulsado Cristina Kirchner como presidenta de la Nación en 2013.

Lo cierto es que Cristina Kirchner no solo busca plantarse como la líder y gran electora del frente oficialista, sino que también aspira a dictar los lineamientos del plan de gobierno que debería cumplir quienquiera que llegue a la presidencia de la Nación por su coalición. Y al arribar a esta discusión, también es cierto que Eduardo “Wado” de Pedro tiene con la expresidenta muchas más coincidencias doctrinarias que las que podría tener Massa.

Además de pertenecer a la “generación diezmada” que, según Cristina Kirchner, está llamada a continuar su legado, “Wado” de Pedro también adhiere al estilo de su jefa y no duda en afirmar que haría cualquier cosa que la expresidenta le pidiera en términos de estrategia política. No hace mucho, el actual ministro del Interior, afirmó que “o los jueces se transforman o les llegó la hora de irse”, en sintonía con la vicepresidenta.

Sergio Massa y "Wado" De Pedro, dos de los posibles elegidos de Cristina Kirchner

Sergio Massa y "Wado" De Pedro, dos de los posibles elegidos de Cristina Kirchner

En las últimas horas, en un artículo sobre el vigésimo aniversario de la llegada de Néstor Kirchner al poder, que publicó en el portal de la agencia Paco Urondo, De Pedro expresó: “A Néstor los y las compañeras lo sentimos vivo en cada acto de irreverencia contra quienes pretenden condicionarnos, en cada gesto de incomodidad ante el statu quo y las injusticias, en cada acción para cambiar las cosas y mejorarle la vida a nuestro pueblo”. La dialéctica confrontativa, que apuesta por la rebeldía y es afín al populismo, encaja perfectamente en el relato cristinista.

Pero nadie puede asegurar hoy que, por eso, De Pedro vaya a ser el elegido. Su mayor contra es que en las encuestas de opinión pública parece todavía muy lejos de arrancar y que su techo electoral podría ser muy bajo por su asociación con un sector interno del peronismo, como La Cámpora.

Años atrás, Massa prometió terminar con los “ñoquis” de La Cámpora y aseguró que su relación con el kirchnerismo era “una etapa terminada”. Aun así, es probable que Cristina Kirchner no tenga problemas en que termine siendo el candidato presidencial de una fórmula que, en los papeles, estaría condenada a perder en un contexto socioeconómico tan preocupante como el actual. Finalmente, la opción de subir a Axel Kicillof a la carrera presidencial tampoco podría descartarse, aunque el gobernador bonaerense quisiera quedarse donde está.

La decisión será de Cristina Kirchner, pero la ubicación de los dirigentes en el palco levantado ayer en la Plaza de Mayo parece indicar que el primer lugar de la fórmula presidencial que consagre la vicepresidenta sería para Massa, De Pedro o Kicillof, sin descartar un lugar expectable –¿la candidatura a senador nacional por la provincia de Buenos Aires?– para Máximo Kirchner.

Con la autocelebración de ayer, Cristina Kirchner sabe que ha ratificado el liderazgo dentro de su espacio y que gozará de la facultad de decidir sobre el binomio presidencial. Sin embargo, está en duda si estará en condiciones de dominar a todo el peronismo. No pasaron inadvertidas recientes palabras del presidente Alberto Fernández: “No creo que el peronismo pueda seguir siendo personalista, verticalista y todas las cosas que fue cuando Perón vivía. Habrá gente con capacidad de liderazgo, habrá gente con mucho carisma, pero no son Perón”.

La manifestación mostró una gran capacidad movilizadora del aparato bonaerense, pero hubo ausencias llamativas: apenas estuvieron presentes tres gobernadores –Kicillof, el riojano Ricardo Quintela y la santacruceña Alicia Kirchner– y el grueso de los sindicalistas de la CGT, incluido Hugo Moyano, faltaron a la cita.

Es probable que la vicepresidenta, como en 2019 cuando ungió a Alberto Fernández, pueda volver a jugar el rol de gran electora. Pero es prematuro imaginar que no habrá otras precandidaturas presidenciales ni competencia interna por el resto de los cargos en disputa. Sobran ambiciones personales, pero –esta vez más que nunca– escasean los espacios de poder expectables y faltan candidatos con los niveles de intención de voto requeridos para garantizar una buena elección.

Como el populismo que se está quedando sin plata del Estado para repartir, Cristina Kirchner, como gran electora en el plano partidario, estará condenada a administrar la escasez.

Fernando Laborda

 

Fuente: La Nación

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