Viernes 01 de Diciembre de 2023
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Desde Santiago del Estero se exporta alfalfa al mundo

La empresa cuenta con 3500 hectáreas de producción y una planta en la que invirtió US$20 millones para deshidratar y compactar los fardos

La empresa Mega Alfalfa Argentina nació en 2018 con el objetivo de exportar al mundo. Cuatro años después envía afuera el 95% de la producción de las 3500 hectáreas que tiene bajo su control y la aspiración es seguir creciendo para alcanzar una participación del 15% en el mercado internacional. El camino a recorrer es largo porque hoy la Argentina interviene con el uno por ciento en un sector dominado por Estados Unidos, Canadá, España y Australia, que aportan el 85% de las exportaciones totales.

La firma es parte del grupo Dagma de capitales argentinos que tiene una amplia diversificación en rubros como la industria de entretenimiento, tecnología, energía, finanzas, agroindustria y alimentos. Tiene más de 5 mil empleados y tiene oficinas en Argentina desde donde exporta a Estados Unidos y China.

Recibió el Premio ICBC Comercio Exterior, certamen que tiene como propósito reconocer el nivel de excelencia, originalidad, innovación y contribución a la sociedad en sus operaciones comerciales internacionales.

Fernando Massalin, CEO de la empresa, cuenta a LA NACION que por la demanda creciente de proteínas de origen animal en el mundo -que coincide con una menor disponibilidad de tierras agrícolas y de agua- la compra de alfafa viene aumentando desde 2016. Detectado ese nicho, la decisión fue aprovecharlo. Describe que en Europa, Estados Unidos, Canadá y Australia hay menos tierras para agro por el crecimiento demográfico y, a la vez, menos agua.

El principal destino de los megafardos es Medio Oriente; le sigue China.

El principal destino de los megafardos es Medio Oriente; le sigue China.

“El potencial argentino en alfalfa es enorme; está en el top tres mundial, con cuatro millones de hectáreas cultivadas -agrega-, pero también, por ser ganaderos, el consumo es alto porque se mezcla con las pasturas. Están las condiciones dadas para producir más y hay demanda creciente e insatisfecha”.

En una combinación de campos alquilados, con asociados y con compras a proveedores habituales, la empresa controla 3.500 hectáreas en Santiago del Estero, en la zona entre Fernández y Forres que es, por excelencia, la productora. Cuenta con riegos del río Dulce por manto o por inundación. Desde la estación de trenes de Forres salen las cargas a los puertos de Buenos Aires, Rosario y Zárate.

Aunque en todo el país se hace alfalfa, Santiago del Estero es considerada “la capital nacional” de la producción por su clima, el manejo sustentable del riego y las condiciones específicas del suelo.

Los fardos que se hacen en la planta -en la que se invirtieron unos US$20 millones- no son los tradicionales, ya que cuenta con tecnología de última generación; una compactadora canadiense (“la mayor del mundo”) y una deshidratadora de España. Por primera vez ambas máquinas están “unidas en una sola línea de producción”, indica el ejecutivo.

Esa combinación permite deshidratar la alfalfa -para exportar la humedad no puede superar el 12% sino no resiste los 50 o 60 días de contenedores en barcos- y, además, en un fardo se compactan lo que serían dos de los tradicionales. Por contenedor van 60 megafardos de unos 450 kilos; después de la doble compactación, el producto es envasado en una funda de polipropileno.

“Logramos alta calidad y eficiencia; lo que nos permite ser competitivos a nivel internacional -añade Massalin-. La logística es muy cara, por nuestra ubicación estamos afuera del circuito mundial. En la Argentina se es muy competitivo tranquera hacia adentro, pero hacia afuera hay problemas”.

El principal destino de las exportaciones es Medio Oriente (Emiratos Árabes, Omán, Arabia Saudita, Qatar, Jordania) y cinco puertos de China (Mega Alfalfa es una de las dos empresas argentinas autorizadas para exportar a ese país).

La planta está diseñada para exportar todo lo que produce; el 95% va afuera. Lo que queda es porque no reúne las condiciones exigidas. En las instalaciones trabajan 100 personas. Para alcanzar una participación del 15% en las exportaciones mundiales, se requiere extender la superficie de cultivo a 100.000 hectáreas.

Gabriela Origlia

 

Fuente: La Nación

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