Martes 07 de Febrero de 2023
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Qué pasa en Perú, donde los presidentes van presos por corrupción pero la economía avanza

Tienen uno de los peores sistemas políticos y su economía, blindada, no para de crecer. Aquí, a punto de salir el fallo por corrupción en Vialidad, Cristina Kirchner escala el conflicto con la Corte.

Ricardo Roa

Ricardo Roa

Las cosas seguirán andando como la mona, pero Alberto Fernández, con el presupuesto cerrado, pidió un crédito para comprarse un avión por 22 millones. Espera que Massa le cumpla y le dé los dólares que les niega a quienes los necesitan mucho más. Muy nuestro: si hay miseria, que no se note.

Pero se nota, no como en Perú, país en el que, a más inestabilidad política, que no le falta y le sobra, más estabilidad económica. Y que, como ya es un clásico en la región, tiene una inflación anual que es como una nuestra, pero mensual. Tal vez contribuya a desasnarnos de algo que no ignoramos para nada, pero sobre lo que hacemos, gobierno tras gobierno, una ya insoportable vista gorda: la corrupción y los corruptos. En enero el dólar cotizaba en Perú a unos 3,8 soles. Sigue ahí.

¿Cómo puede ser si el sistema político ha sido arruinado y el presidente Castillo en 16 meses sobrevivió a dos intentos de juicio político, tuvo cuatro jefes de gabinete y juramentó a unos 90 ministros? Castillo ganó con el 18 % y fue puesto, como nuestro Fernández, por un líder de izquierda que está procesado. Su cuñada fue detenida por corrupción y el mismo Castillo ahora está acusado por la fiscal general de encabezar una organización delictiva para manipular licitaciones.

Todo eso puede ser porque la Justicia funciona y porque desde 2006 han pasado siete jefes de Estado pero un solo jefe del Banco Central, Julio Velarde Flores, que va por su cuarto período consecutivo. Perú sufrió la guerrilla de Sendero Luminoso, la más sanguinaria de la región y la política defolteó, entre otras cosas, por Odebrecht, el gigante brasileño que repartió coimas por toda América Latina.

Hay acumulado un lote de ex presidentes presos o casi presos de todos los colores políticos. Uno es Toledo, que fue el primer presidente indígena, y al que la Justicia intenta extraditar desde los Estados Unidos. Más famoso es Fujimori, condenado por corrupción y crímenes de lesa humanidad. Fue indultado por el ex presidente Kuczynski, pero la Corte Internacional de Derechos Humanos se opuso y tuvo que regresar a la cárcel. Poco después, el propio Kuczynski cayó en prisión domiciliaria. Estuvo tres años. ¿De qué lo acusan?: lavado, compra de votos en el Congreso y corrupción con Odebrecht. Dentro de poco será juzgado.

El largo brazo corruptor de Odebrecht alcanzó también a otro ex presidente, Ollanta Humala, un militar izquierdista que se vestía y hablaba como Chávez y pasó nueve meses preso junto a su mujer. En febrero empezaron a juzgarlo por lavado y corrupción. Los presidentes son procesados y condenados como cualquier hijo de vecino.

Rodolfo Tailhade, ex concejal de Malvinas Argentinas y ex servicio de inteligencia especializado en escraches. Ahora actúa de vocero del oficialismo en Diputados.

Rodolfo Tailhade, ex concejal de Malvinas Argentinas y ex servicio de inteligencia especializado en escraches. Ahora actúa de vocero del oficialismo en Diputados.

Con Odebrecht murieron en Perú los populismos. Muchos acá lo habrán olvidado o no lo vivieron. Pero en épocas de Alfonsín, parte del activismo estudiantil y la CGT de Ubaldini tenían un eslogan: “Ay patria mía, dame un presidente como Alan García”. García hizo dos presidencias. El eslogan refiere a los buenos tiempos de la primera, cuando movilizaba grandes simpatías y no al fin de fiesta con la que la terminó, la híper de 1990: 7.700 por ciento. Es un caso paradigmático: izquierdista al comienzo, neoliberal al final. Mantuvo una cosa: la corrupción. Otra vez Odebrecht: investigado por sobornos, García se pegó un tiro para no ir preso.

Pero la economía corre como si nada de esto pasara a su alrededor. La paradoja está a la vista: lleva 20 años con una inflación menor al 6% anual y el dólar está casi al mismo precio. Y de los últimos 16, sólo dos años fueron recesivos. Es un país que gestiona orden y desorden exitosamente. Velarde Flores nos dice mucho de esto en el reportaje de Gustavo Bazzán. ¿Qué dice? Que las líneas principales, tan divergentes de las nuestras, incluyen un acuerdo implícito: cambian los políticos, no las leyes de la economía. Resolvieron no inventar el agua tibia.

La baja inflación es un derivado de una decisión que nosotros no conocemos: el Banco Central tiene prohibido financiar al Tesoro, y por lo tanto, emitir. Más aún: no puede haber control de capitales. Y esto, por mandato constitucional. Aquí, sobre la inflación se declama mucho, pero se la usa para achicar el déficit. Y si no, que lo digan los jubilados. Allá hay acuerdo: es pobreza. Acá, discurso.

Para ponerle los pelos de punta a Massa y a cualquier ministro de Economía autóctono: en Perú no pueden tener tipos de cambio ni aranceles preferenciales. Es decir, resolvieron alejar la tentación de los privilegios. Algo que bien vale un Perú. Y como gente del común y élites tienen en claro que inflación es pobreza y que la corrupción termina en inflación, la persiguen a como dé lugar: presidentes y funcionarios cambian. Precios y dólar no, o al menos, menos. Mucho menos. ¿Un modelo? El país crece y la pobreza baja, pero el crecimiento derrama poco.

Massa rasca aquí el fondo de la lata en busca de fondos y ahora hasta pasa la gorra por las provincias. La oposición siempre da una mano: otra vez se la ofreció el jujeño Morales, buen amigo del ministro. La oposición muestra en el PRO obsesivo ímpetu por las precandidaturas y en el radicalismo una fluctuante conducta con el kirchnerismo y sus variantes. No hay cómo disimularlo porque está cada día más a la vista.

La vice Cristina escala el conflicto con la Corte para adueñarse de la Magistratura, como ha hecho con tantos otros resortes del Estado. Le ordenó a la jefa de Diputados, Moreau, patear el tablero y alinearse con el Senado, justo el día en que se resolvía si la reelegían. No lo consiguió. Lo que consiguió fue unir a la oposición, que venía a los cascotazos entre los que querían entrar para dar quórum y los que proponían irse. Todos se fueron.

Y el Congreso, cerrado. Y para que no haya dudas de lo que busca no es justamente negociar con la oposición ni dentro del propio peronismo, Cristina puso como vocero del bloque al dipuespía Tailhade, de La Cámpora y un provocador profesional, que para acercar posiciones con la oposición se le ocurrió decir una salvajada: el PRO sodomiza al radicalismo. La Selección nos dio otro alegrón y un respiro. Pero no hay Mundial que logre ocultar todo esto. La película de corrupción y dólar, pobreza e inflación para arriba sigue este martes con el fallo de Vialidad. Puede cambiar mucho, poquito o nada.

 

Fuente: Clarin

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