Martes 07 de Febrero de 2023
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La fascinación del fútbol y la Argentina en busca de la felicidad

Juega la Selección y no todo es confrontación y desarreglo. Una mirada especial sobre lo que genera el juego que une a todos detrás de un deseo.

Miguel Wiñazki

Miguel Wiñazki

Ideas al Paso

¿Encubre el fútbol los avatares cotidianos y las desdichas? Parcialmente sí, totalmente no.

No borra la inflación, ni la pobreza ni la inseguridad.

Pero no es sociológicamente menor analizar la alegría cuando acontece. Ni la producción de conversación en derredor del fútbol, ni las reuniones sociales que convoca, ni los abrazos o las lágrimas según los casos.

Es un teatro que aglutina espectadores. Es global y precisamente espectacular en su globalidad.

Es asombroso. Y en ese punto único, las multitudes en Bangladesh celebrando con la bandera argentina representa uno de esos fenómenos en principio incomprensibles pero extraordinariamente vitales, precisamente por incomprensibles, como todo lo profundo, dignos de observación y de análisis.

El festejo en Dhaka, Bangladesh, por el triunfo de Argentina ante Polonia en el Mundial. Foto EFE

El festejo en Dhaka, Bangladesh, por el triunfo de Argentina ante Polonia en el Mundial. Foto EFE

Dos culturas antagónicas unidas por… no se sabe bien qué.

¿Cual es la fascinación que provoca el fútbol? Una explicación es que se juega con los pies, donde no reside naturalmente la habilidad que conlleva la mano, y entonces hay algo humano en esa educación para la sensibilidad con los pies en el piso, para vivir, es decir, para tratar de vencer, porque hay algo profundo vinculado a la ambición en el sentido positivo del término, un pretender ser mejores.

Pero no es solo eso porque como se percibe a simple vista la atracción del fútbol es universal y por lo tanto multicausal.

Está la finta, el engaño, la picardía, la estrategia grupal y personal, y el carácter para remontar la adversidad. Gambetear, es simular es eludir obstáculos, avanzar, fingiendo enfilar hacia una dirección para tomar en instantes otra y sortear al pie del otro que tratará de detener al que avanza.

Y defender es también crucial como en la vida. Frenar al que nos quiere vencer.

El fútbol argentino en particular tiene características históricas y propias, porque no es lo mismo el fútbol según donde se aprenda a jugarlo.

Villa Fiorito no es lo mismo que las playas de Ipanema. El bamboleo brasileño es diferente, genial también, como un samba lanzado en dribbling y con la evidencia de que los más grandes, desde Pelé y Garrincha hasta Romario y Ronaldinho, o Neymar jugaron descalzos y en la arena.

El piso originario determina el estilo del juego.

En Argentina se juega, es una generalización, con los dientes más apretados. Hay un ritmo de selección, un pisar con garra, como los uruguayos sí, pero con todo el respeto por la Celeste, con mayores luces desde el malogrado Diego hasta Messi.

Es un punto a tener en cuenta: como brotaron en este país los genios del balón.

Es verdad que Messi se terminó formando en Barcelona, pero quien le saca -nadie- los primeros partidos infantiles rosarinos, porque Rosario no se le aparta un milímetro de la vida ni de su acento.

Se le atribuye a Borges la sentencia que afirma que “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”, no cabe contradecir su sarcasmo, pero puede invertirse el apotegma y afirmar que el fútbol es popular porque la inteligencia es popular.

Porque corporalmente ningun gran jugador es tonto sino lo contrario y porque es manifestación que conjuga la belleza de un ballet espontáneo en los mejores casos, con la intriga del azar constituye e instituye una atracción que no siempre es fatal.

Los penales son una invención maravillosa. ¿Qué provoca tanta ansiedad y tanto suspenso en millones? Esa caminata de quien ejecuta hacia la pelota es la sublimación de un duelo, pero sin armas claro y por eso tan teatral como la vida misma.

Este sábado juega Argentina, y no puede obviarse ni soslayarse que la inmensa mayoría habrá de estar pendiente del partido.

¿Qué otra cosa convoca así a los unos y los otros?

No todo es confrontación y desarreglo.

¿Hubo y puede haber utilización política del fútbol? Desde luego.

Pero hay algo mas allá, hay algo transpolítico en el fútbol, es un acontecimiento que supera en general la mirada política corta y que requiere vivir lo que se ve en los estadios y en los partidos, porque así ocurre.

Y no puede simplemente refutarse un hecho de semejante magnitud que al fin y al cabo es un juego.

Es en buena medida el juego mismo de la vida.

Ganar, empatar o perder, ser geniales o mediocres, sufrir o saltar de alegría, es un festival de abrazos o uno de lágrimas.

Mejor que prejuzgar es conocer, mejor que despreciar es pensar, y mejor que la arrogancia de las torres de marfil, es bajar al mundo y con los pies en la tierra, percibir que lo sucede no es menor.

Por cierto, cuando la unanimidad de la fiesta proviene de una obligación que se vuelve autoritaria, es muy necesario preservar el derecho a ignorarla si se quiere.

Pero puesto que sucede, los que queremos a la pelota, hoy vamos a mirar el partido, con el corazón acelerado, porque no es lo mismo ganar que perder.

Y en el fondo, y en el espejo de la vida que es el fútbol, todos queremos ganar.

 

Fuente: Clarin

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