Domingo 27 de Noviembre de 2022
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La muerte de Magdalena Ruiz Guiñazú Escribo temblando

Se fue cantando bajo el sol, pero ya no podemos cantar bajo la lluvia como antes, como siempre, tempranísimo, con esa voz, que nunca, pero nunca más, va a callar.

Escribo temblando. Con el corazón en la mano. Pienso en Magda, así la llamábamos todos sus compañeros de trabajo. Era la mejor y la más humilde. Fue periodista hasta el último aliento. A veces en el estudio de Radio Mitre le faltaba el aliento, uno lo notaba, pero ella seguía adelante, con ese respeto por la audiencia, por el micrófono, por los entrevistados, por nosotros, todos discípulos de su ejemplo moral, personal, profesional y tan singular. Porque Magda era excepcional.

Yo le preguntaba todos los sábados por algún gran personaje de la historia contemporánea, los había entrevistado a todos. No es una manera de decir. Es literal.

-¿Cómo era Fidel, Magda?

-Muy alto, muyyy alto. Y Salvador Allende muy bajito, pero muy bien vestido.

-Y Juan Pablo II, y Borges, y Leloir…

Se acordaba del Papa Pio XII, su padre que fue Canciller trajinó aquellos recoletos pasillos vaticanos, y ella -niña- correteaba por allí.

Le puso el pecho a la Dictadura sin aspavientos y con todo el coraje.

Todo, el coraje.

Entrevistó a Hebe de Bonafini cuando eso era poco menos que una garantía de persecución. Y lo hizo, a pesar de todo.

Los años, malvados a veces, la colocaron en la galería de los réprobos para los autoritarios y hasta llegaron a poner una foto gigante con su rostro, entre otros, mientras inducían a los niños a que la escupieran.

No me olvido. Que nadie se olvide.

Luchó contra el autoritarismo siempre.

En el estudio se encendía. Era sarcástica siempre, y buena, buenísima. Leía al aire mis editoriales, me avergüenza decirlo, pero es que quiero contarles cómo era ella.

Lo hacía porque quería a sus compañeros de trabajo. Nos cuidaba. Nos valoraba solo por el hecho de estar allí, a su lado. Nos enseñaba.

Nos respetaba.

Todos los sábados durante años antes de llegar a la radio pasaba por una panadería a comprar sandwiches de miga para todos en el estudio.

Discutía con el panadero porque a veces no había suficiente manteca o mayonesa.

Era nuestro desayuno, junto con sus historias por el mundo.

-¿Cómo cruzaste a Alemania Oriental, Magda?

Y ella comentaba la travesía que había sido una aventura peligrosa y luego difundida para toda la Argentina.

-¿Entrevistaste a Bergoglio?

-Lo quise entrevistar varias veces, y siempre me decía lo mismo: “Todavía no es momento”.

Cada vez que lo nombrábamos yo le decía “Todavía no es momento, Magda”. Bueno, entrevistó a todos, pero a Bergoglio no.

Recordaba con pasión un viaje al Polo Norte. Había ido con Marta Lamas, su amiga y compañera de toda una vida de trabajo. “Te acordás Martita, el sol allá, la luz…” Llegaba al estudio y ordenaba y organizaba esa musicalización maravillosa. Y cantaba ella también. Canturreaba en inglés, en francés, en italiano. Era inmensamente culta.

Fue muy cercana al Padre Mugica, asesinado. Ella no tenía prejuicios para la amistad. Solo condenaba la injusticia.

Se fue cantando bajo el sol, pero ya no podemos cantar bajo la lluvia como antes, como siempre, tempranísimo, con esa voz, que nunca, pero nunca más, va a callar.

No hay silencio posible para Magda.

Ni siquiera ahora, cuando ya no está, cuando está con nosotros más que nunca.

Fuente: Clarin

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