Miercoles 28 de Septiembre de 2022
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Sergio Massa, entre el desconcierto y la desconfianza

La confianza es el activo más escaso del Gobierno, pero sus responsables se empeñan en dilapidar la poca que existe.

El desconcierto que despliega y genera el Gobierno sorprende hasta a los más curtidos analistas de la realidad nacional. Por ejemplo, puede suceder que el embajador argentino en China, Sabino Vaca Narvaja, condene fuertemente a Estados Unidos por la visita a Taiwán de Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, casi en el mismo momento en que el flamante ministro de Economía, Sergio Massa, almuerza con Marc Stanley, representante de Washington en Buenos Aires.

Recordemos: Massa viajará a Estados Unidos antes de que termine el mes para reunirse con el FMI, el Tesoro estadounidense y el Banco Mundial, y el presidente Alberto Fernández tiene pendiente un postergado encuentro bilateral con su colega Joe Biden, cuyo apoyo es crucial para que la crisis económica no termine de explotar. Aun así, Cancillería hizo trascender su “respaldo” a las declaraciones de Vaca Narvaja.

Difícil generar confianza -el activo más escaso del Gobierno- con incoherencias como esa. Que la desconfianza que despierta Massa sea ecuménica tampoco ayuda: el líder del Frente Renovador aviva recelos desde hace años en casi todo el arco político.

No arrancó de la mejor manera, encima. Pareció improvisar con sus primeras medidas y su equipo, pese a que hacía al menos un mes que se venía candidateando para el puesto. Los 700 millones de dólares que tuvo que vender el Banco Central la semana pasada, sangría que continuó este lunes, reflejan en parte esa incertidumbre.

La gaffe en el nombramiento como virtual viceministro de Gabriel Rubinstein -puesto en el freezer un rato después de ser anunciado al viralizarse su militancia antiK- no fue un tropezón menor, aunque el descalabro mayor que implica una inflación que apunta al 8% mensual, 90% anual, logró que pasara como una mancha más del tigre.

Su avance más visible lo logró en el área de Energía, donde consiguió ocupar un par de casilleros que hasta ahora detentaba La Cámpora. No es casual: Cristina parece haber dado un paso táctico al costado en el área, en principio para que no la salpique el tarifazo que deberá aplicar Massa.

Además, los aumentos en electricidad y gas impactarán de lleno en el que en teoría todavía es el electorado del ministro, la clase media del área metropolitana. La base más fiel a Cristina, los postergados del Conurbano, seguirá recibiendo la tarifa social, inmune a este ajuste. Una jugada redonda, como para que nadie “se haga los rulos” pensando que es fija para 2023.

La vicepresidenta conserva intacto su poder de fuego. Ella desgastó a Martín Guzmán hasta el final y no apoyó nunca a Silvina Batakis. Massa, es verdad, cuenta con un par de circunstancias a su favor: por un lado, a Cristina no le quedan muchas más opciones; por otro, buena parte de su atención se la lleva su frente judicial, complicado como nunca.

Los vínculos entre el matrimonio Kirchner y Lázaro Báez quedaron expuestos sin pudor en la acusación que realiza el fiscal Diego Luciani en el juicio por el desvío de la obra pública en favor del empresario santacruceño. Luciani busca demostrar que funcionó una organización ilegal, cuya jefa fue Cristina, para quedarse con dinero de licitaciones turbias de Vialidad.

La defensa de la vicepresidenta consistió, hasta el momento, en recusar al fiscal por haber jugado al fútbol con uno de los jueces e insistir con el viejo eslogan del lawfare. Sobre las pruebas concretas de cómo se benefició a Báez y cómo este a su vez engordó las cajas de seguridad de su familia no se ha pronunciado.

Hay un factor más a tener en cuenta respecto de la confianza que pueda generar esta nueva etapa del Gobierno: Alberto Fernández. El Presidente ha demostrado una capacidad para infligirle daños a su gestión casi sin igual. Habrá que ver cuánto tiempo logra mantener controlado su novedoso bajo perfil.

Fuente: Clarín

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