Domingo 27 de Noviembre de 2022
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Sebastián Presta, sincero: su pedido de ayuda psicológica y por qué no la pasó del todo bien en “Duro de domar”

Dice que desde la pandemia está hecho “una seda” porque claro, el encierro le jugó una buena pasada y a sus 47 años, Sebastián Presta pudo encontrarse con él mismo. Y esa mirada hacia adentro lo enfrentó a grandes desafíos. “Pedí ayuda psicológica”, cuenta el actor, que indagó en la terapia y además en el life coaching, la disciplina que transformó su vida para siempre. 

 

El actor vive un gran momento: protagoniza Mi madre, mi novia y yo (de jueves a domingos en el Paseo La Plaza), produce Decisiones de mierda, sus insólitos sketches en su canal de YouTube y está a punto de debutar en la primera novela de su vida, El primero de nosotros, que estrenará muy pronto en Telefe.

En una charla íntima con Clarín, Presta cuenta cómo vive sus nuevos proyectos en la tele y el teatro, recuerda su paso por Duro de domar con “Cosas que nunca te van a pasar en tu put# vida”, por el cual ganó el Martín Fierro, y también su experiencia con Roberto Pettinato.

 

A sus 47 años, Presta asegura que le costó volver a trabajar al teatro tras la pandemia. Foto: Prensa

También habla de dilemas filosóficos y de sus pasiones ocultas: el chamanismo, la medicina china y una confesión inesperada: “Soy bastante amargo”. La persona detrás del personaje.  

-En los útimos años saliste del papel gracioso que el público se había acostumbrado a ver y diste un giro en tu carrera hacia la comedia teatral y televisiva. ¿Fue una decisión consciente de búsqueda personal o algo que se fue dando naturalmente?

-Cuando estaba haciendo Préstico en 2015 ya me llamaban para hacer teatro y les decía que no. Me peleé con el teatro en un momento cuando quise hacer stand up y no me salió. En enero de 2016 nos echaron a todos de Duro de Domar. Y una productora me propuso hacer teatro e hicimos Bruto, que eran sketches de la tele en teatro. Después vino Entre ella y yo con Sole (Soledad García) que iba a ser por seis meses y terminaron siendo tres años. Hicimos giras por Chile, Uruguay… Pero me costó volver al teatro.

-¿Por qué te costó? ¿Te pegó mal la pandemia? 

-Porque venía del palo de la tele, estaba muy alterado. Tenía una gira por Perú y apareció la pandemia y pude bajar muchos cambios. Me encantó quedarme en mi casa cocinando y mirando tele. Necesitaba parar después de tanto tiempo. Me encontré conmigo, fue bastante difícil.

-¿Cómo te encontraste?

 

-Dije “cuántas equivocaciones”… con el tiempo me di cuenta que el ser humano es bastante pelotudo, se equivoca y aprende. No tuve depresión, pero en un momento pedí ayuda psicológica. Y después me coacheé. Tomé un curso por internet y luego hice sesiones individuales. Y me vino bárbaro. Bajé 800 mil cambios. A partir de eso empecé a disfrutar desde salir a caminar a ensayar una obra. Tengo muchas cosas que resolver aún, pero después de la pandemia soy una seda. 

-¿Ya habías hecho terapia antes?

-Sí, a los 23 años empecé terapia y la psicóloga me decía “vos podés tener tu auto”, “podés vivir de lo que te gusta”, “podés estar con la mujer que querés”, “podés irte a vivir solo”, y todo eso, para mí, era imposible. Y fui laburando y hoy estoy trabajando de lo que me gusta, tengo mi auto, estoy protagonizando en calle Corrientes. No puedo creer todo lo que logré y que lo esté disfrutando, que eso es importantísimo para mí. Hay que disfrutar el camino, la vida es esa. Y lo pude ver recién ahora.

-¿Qué recuerdos tenes de Duro de domar y de tu relación con Pettinato?

-Como a Roberto le causaba gracia lo que yo hacía, siempre me trató bien. Pero no me llevaba bien con el productor del programa. Venía una energía acelerada. Ahí conocí a Soledad García con la que seguimos haciendo cosas. Tengo muy buenos recuerdos de Duro de domar, me dio la posibilidad de empezar a mostrar mi actor pero tenía un jefe que no… pero estoy seguro que a él le quemaban la cabeza de arriba. Era un programa muy exigente, no veo un programa con esa producción hoy. Había como 10 personas para hacer un sketch, mucha gente para hacer cada sección. La exigencia no me molesta porque yo también soy exigente.

-En tus personajes interpretás a hombres solteros y un tanto inmaduros. ¿Por qué creés que se identifican con tu humor?

-Mis personajes son como un antihéroe, un perdedor. Yo no ganaba nunca, por lo general perdía. Y en “Cosas que nunca te van a pasar en tu p#ta vida”, pasan esas cosas que en la vida no. En uno de los sketches, estaba en un boliche, veía una chica y ella decía “Disculpá, ¿da para que vayamos los 3 a coger a casa?”. Era irreverente el humor. En esas cosas, el hombre se siente muy identificado. El éxito de Préstico es que fue un gran equipo de edición, producción. Sole tenía la mirada feminista, que yo no tenía en ese momento. Si había una “mochi trola” también había un “mochi chongo”.  


-¿Siempre quisiste ser actor?

-No sabía qué hacer de mi vida. Tuve padres muy buenos pero a nivel artístico no había nada. Mi madre era una santa ama de casa que me esperaba con las milanesas cuando llegaba del colegio. Y mi padre se rompió el lomo trabajando en su almacén. Se veía la tele las 24 horas. Almorzábamos todos juntos y no se hablaba en la mesa. Siempre flasheé con la tele pero nunca pensé que me podía dedicar a eso. Era la época de Benny Hill, Olmedo, Tato Bores.

-¿Y eso te inspiró?

-Ahí todavía no. Pero a los 17 años, mis vecinos, los Suárez Alarcón, me llevaron a ver a Los macocos y fue la primera vez que vi algo tan especial que me picó el bichito y dije quiero hacer esto. Empecé a estudiar con uno de Los macocos, después con Luis Agustoni, con Juan Carlos Thorry, que actuó con Mirtha Legrand. Siempre seguí estudiando. Después me dediqué a la producción y luego con Sebita Wainraich hicimos Kitsch durante cuatro años. Después The Presta ShowPréstico, después seguí haciendo videos para YouTube e Instagram.Y el año pasado me llamaron para la novela de Telefe… cuando era chico era fanático de las telenovelas.

-¿Te ves como un galán de telenovela?

-Soy gordo y pelado… ¡no me veo como galán! Galán son Luciano Castro, Gonzalo Heredia. La contrafigura me gusta, no necesito ser galán.

-¿Cómo fue la propuesta para El primero de nosotros y cómo es tu personaje en este debut en una novela?

-Me sorprendió que de Telefe me haya dicho “Sebastián, queremos que lo hagas vos”. Soy el esposo de Mercedes Funes, es un personaje hermoso. Me dieron una bienvenida hermosa en el canal. Gustavo, mi personaje, trabaja en un banco y está casado con Mumi. Es bastante quedado y descuidó mucho el matrimonio y ella está en un momento en el que necesita cambios. Y tenemos un hijo que se llama Valentino. En ficción, tengo una mujer preciosa y un hijo divino…te diría que la ficción está mejor que mi vida.

-¿Estás casado, tenes hijos?

-Nada, estoy solo.

-¿Es cierto que estás buscando novia como titularon en una nota?

-Los títulos son terribles. Vos vas a poner “quiero ser galán de telenovela”…

-Dijiste “no quiero ser galán”. ¿Y cómo notás el ánimo de la gente en plena pandemia?

-Nos esperan a la salida. Se emocionan, se ríen. Las risas y los aplausos los escuchamos muchísimo. La gente se está volcando más a la comedia que al drama. No sé cómo está la gente, pero sí puedo decir que en la función se ríen muchísimo. Pero bueno, vienen al teatro con ganas de reírse, la gente necesita divertirse y por una hora y diez pasarla bien.

-¿Ves nuevos referentes de esta nueva ola de humoristas en Argentina?

-Me sorprendió Tik Tok. Son graciosos y no necesitás ser actor ni humorista. Y esto de las redes, de tener tu propia cámara y tener la posibilidad de editarlo es muy bueno, la gente no necesita un productor. Si sos comediante no necesitás que alguien te de una mano sino que tenés tu propio canal.

-¿Qué disfrutás en tu vida además de actuar? ¿Entrenás? 

-Hago funcional porque me quiero ver bien y por salud, por el colesterol. Disfruto de encontrarme con amigos, de una linda cena. Y antes tocaba la batería, me gustaría volver. También me encanta cocinar.

-¿Irías a MasterChef Celebrity?

-No, no me gusta participar en realities, me cuesta dar notas o ir a programas a jugar. Me cuesta. Prefiero que conozcan al Presta personaje que a la persona. Soy bastante amargo. Veo amigos que van a programas y cuentan anécdotas graciosas. A mi me cuesta muchísimo y siento que les cago el programa. Y como soy gracioso en los videos, se piensan que en la vida real soy gracioso. Y soy muy mucho más tranquilo. Veo video que tienen que ver con comportamientos humanos, metafísica, biodecodificación, chamanismo. De hecho cuando era joven estudié medicina china. Todo para salir de la locura. Buscamos dinero, sexo, comida y fama, pero hay otra vida más allá de eso…Y el tema de la intuición. Me pasa constantemente que pienso en algo y se percibe.

-Claro, por lo que decís, parecés tener un poder psíquico fuerte… 

-Creo que todos tenemos eso pero no lo desarrollamos porque estamos pendientes del rating o de pagar la cuota del lavarropas. 

-Y de pagar el alquiler, los impuestos, de que no te roben el celular en la calle. En otros países se desarrollan más esas disciplinas y se hablan de otros temas como el cambio climático, pero acá se vive el día a día.

-También me interesa el tema de los ovnis. Estuve con gente que se comunica con ellos. Te aseguro que algo hay. 

-¿Tuviste un contacto del tercer tipo?

-En otro momento te cuento.

“Mi madre, mi novia y yo”, una comedia feminista

Presta está protagonizando la comedia Mi madre, mi novia y yo, dirigida por Diego Reinhold y escrita por Mechi Bove, que sube a escena de jueves a domingos en Paseo La Plaza. Allí, comparte escenario con Graciela Tenenbaum y Vicky Almeida. 

La obra se centra en Fernando (Presta), un eterno solterón, que elige la noche de Navidad para presentarle su novia (Almeida) a su madre (Tenenbaum). En la velada salen secretos a la luz en medio de situaciones disparatadas, que generan risas y también mucha reflexión.  

-¿Cómo surgió este protagónico en Mi madre, mi novia y yo

-Quería hacer una comedia desde hace mucho tiempo y me llegó esta propuesta. Cuando los productores me dijeron que se trataba de un hombre solterón que vivía con la madre no me enganché mucho, lo vi medio viejo, trillado. Y hablé con Mechi (la autora) y le empecé a contar cosas mías, como que tenía asma, que fui a un umbanda, que mi padre no me hablaba y un montón de cosas. Hay mucho de mi vida en la obra, es una locura. Incluso hay una coincidencia de nombres de mi tía.Trabajamos sobre un guión muy firme que tenía Mechi, le conté algunas cositas mías y le agarré más el gustito a ese solterón de 43.

-Y se encuentran dos generaciones de mujeres muy diferentes.

-Y… mi mamá en la ficción es una cavernícola… Me ama, pero no le enseñaron a ser otra cosa que madre y si no tiene a su hijo se pierde. Él le presenta una mujer por primera vez a una mujer con la que le pasan muchas cosas, que es muy independiente y madura.

-Era muy normal en otras épocas. 

-Una se bancaba un matrimonio de mierda erguida hasta el final. Y eso le pasó a nuestras abuelas. Estaba muy mal visto divorciarse. El hombre era el que trabajaba y la mujer, muchas veces, al quedar divorciada, quedaba media en pelotas porque no había desarrollado su carrera por tener que ser ama de casa. Es una comedia de verano donde la gente se divierte y también se emociona muchísimo.

-Y hasta hay un musical. Ya habían trabajo juntos antes con Diego Reinhold, ¿no?

-Nos reímos mucho en los ensayos. Diego es un genio, excelente comediante, muy buen director y chiste que tiraba en los ensayos, eran gol. Él es muy obsesivo. Ya nos habíamos conocido en Entre ella y yo. Diego le puso un vuelo… Fue el que decidió poner el musical.

-El rol de la mujer ha ido cambiando mucho en los últimos años. ¿El humor tiene que adaptarse a estos tiempos? ¿Estás atento en este aspecto en el guión?

-Sí, mi madre hace un personaje la que le caen mal la feministas, pero la gente lo toma con humor. Esos personajes existen. Mi novia es todo lo contrario a lo que quisiera mi madre, que es muy estructurada. SI es por ella quiere una mujer católica, por eso como darle una cachetazo y romper con todo.

JA

 

fuente: lacritica

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