Viernes 27 de Mayo de 2022
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¿Quién fue Luigi Bosca? La curiosa historia de una marca centenaria de vino argentino

Popular y prestigioso a la vez, el nombre italiano de la bodega mendocina es una rareza en una empresa familiar de raíces vascas.

Si este relato fuera un cuento podría comenzar así: a principios del siglo XIX en la localidad piamontesa de Canelli, al noroeste de Italia, un joven llamado Luigi Bosca elabora vinos junto a su familia pero jamás sueña que algún día su nombre será famoso del otro lado del mundo en un país que todavía no existe.

O, también, el cuento podría comenzar así: en 1890, en Unzué, un pueblito de Navarra del País Vasco, un niño de 7 años llamado Leoncio Arizu vive rodeado de viñedos pero, como tantos otros europeos por esos días, se sube a un barco con destino a Sudamérica. Él sí ya sueña con hacer grandes vinos, o lo hará pronto, estimulado por los familiares y compatriotas que lo preceden y acompañan.

Del azaroso cruce entre hombres como Luigi Bosca y Leoncio Arizu -que nunca se conocieron- nació una de las marcas centenarias de Argentina, de las pocas capaces de representar el segmento de vinos premium y, a la vez, gozar de enorme popularidad. Una historia que se remonta a épocas en que los estudios de mercado y el branding no existían o se reducían a un puñado de intuiciones, mucha determinación y trabajo.

El vino argentino de nombre italiano hecho por vascos

 

En Unzué y ya para fines del siglo XIX, los Arizu habían acumulado un conocimiento sobre viticultura aportado por varias generaciones, pero la inestabilidad política y económica españolas los impulsaron hacia el Nuevo Mundo. El primero en llegar fue Balbino, que arribó a Buenos Aires en 1883 a los 25 años y luego se instaló en Mendoza con la clara intención de continuar con su oficio.

Junto a sus hermanos Clemente, Sotero y Jacinto, Balbino se convirtió en uno de los pioneros y líderes de la industria en estas latitudes. Su sobrino Leoncio, que vino en 1890, también siguió sus pasos pero emprendió su propio camino: a los 18 años plantó su primer viñedo en Luján de Cuyo. Pero no lo hizo solo. Se asoció con un inmigrante italiano, un piamontés de apellido Bosca, y con ese nombre registró la marca en 1904

Sin saberlo aún, con aquel apellido italiano Leoncio estaba creando una etiquetas de vino que sobreviviría más de un siglo, trascendería las fronteras argentinas y llegaría a tener incluso más peso en el mercado que la de sus otros parientes, fundadores de Arizu S.A.

Su visión y su ímpetu fueron claves, pero también la familia que formó y continuó su obra. "Para él, las raíces no crecían solo bajo tierra. La familia fue su ancla y su proyección. Su pasión por la cultura del vino, la importancia de cuidar la tierra y la búsqueda de la excelencia fueron su legado", observó muchos años después su nieto Alberto Arizu (80), nacido en abril de 1941.

El Luigi Bosca italiano y el vino argentino

En Canelli, Italia, los Bosca son conocidos por sus espumantes desde 1831, aunque también hacen vinos tranquilos (varietales como Barolo, Barbaresco y Chardonnay) y aperitivos. El fundador de esa bodega, Luigi Bosca, fue quien inspiró el nombre de la que Leoncio Arizu creó del otro lado del Atlántico y que terminó de cobrar forma definitiva a partir de mediados del siglo XX.

Así lo explica Alberto Esteban Arizu (54), bisnieto de Leoncio y actual CEO de la empresa: "Durante los primeros años, la bodega tuvo muchas etiquetas de vinos, Bosca era solo una de ellas. Hay quienes recuerdan otras como Señor del robledal, que ya no existe más, y alude a nuestro apellido, porque Arizu en vasco significa 'bosque de robles'. Pero Bosca fue la trascendió".

"En los años 60, mi padre asume un proceso de modernización de la compañía y adaptación de la marca de cara a lo que él veía que estaba sucediendo en el mercado de vino mundial, y decide definir el nombre como Luigi Bosca haciendo honor a un personaje real", relata Alberto (h).

Para muchos, fue una jugada arriesgada. Por entonces, en Argentina reinaba el vino de mesa y en el segmento de vinos finos eran comunes los nombres franceses como Chateau Montchenot o Valmont. Hasta críticos respetados como Miguel Brascó le auguraron un rotundo fracaso a una marca que sonaba tan "italiana".

Pero la decisión de los Arizu -ya no solo la de Leoncio, si no de las tres generaciones que lo sucedieron- estaba tomada, y la perseverancia vasca pudo más. Luigi Bosca consolidó su identidad al mismo tiempo que la industria del vino argentino pegaba el gran salto de calidad y comenzaba a ser reconocida en el mundo. 

Con siete fincas en Mendoza, vinos de alta gama con premios internacionales y presencia en en el mercado mundial en 60 países,  hoy la referencia piamontesa del origen de la marca es una anécdota más de las muchas que la familia atesora en la memoria de la bodega centenaria. 

 

Por: Carmen Ercegovich

 

Fuente: clarin

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